Sueño que despierto.
Despierto, recito mi lista de bendiciones de todos los días: "gracias Dios por regalarme un día mas, gracias por cuidar a la gente que quiero, gracias por mi madre, por mis hermanos, mi esposa y mis hijas..."
Estiro la pierna derecha a oscuras y atino a la chancla. Me calzo las dos y me levanto.
Es un día como muchos, a los que estoy tan acostumbrado que encuentro rutinario a más no poder. Observo el mar ondeando levemente bajo la tenue brisa. El sol quiere empezar a coquetear con la punta de las palmeras que mi esposa tanto insistió en que sembráramos alrrededor de la alberca, que también insistió y fue inflexible en que fuera infinity. Una palmera crece en promedio un metro por año, de modo que viendo estas calculo que sería en el 2000 que se plantaron. Bajar un coco es una pesadilla, de modo que cuando mis hijas me pedían cocos casi siempre acabé comprándolos.
No sé cómo pude acostumbrarme a este paisaje al grado de preferir ver algo en el televisor mientras saboreo mi café, antes de caer embelezado por la película que la naturaleza prepara para mí y unos pocos mortales en esta parte de la costa.
Como nunca he visto el amanecer en el lado este, siempre me he imaginado los amaneceres en los que el sol sale por el mar, pero creo que la puesta del sol en el azul profundo no tiene comparación.
Siempre he sido amante de los autos, así que dediqué muchos años de mi vida a soñar que compraba y manejaba mis autos ideales para robar miradas en los semáforos. Es una ironía de la vida que ahora que traigo el auto de mis sueños no haya ningún semáforo en el cual hacer alto para que me vean.
Recuerdo que a mis quince inventaba cualquier pretexto para usar el carro de mi mamá, pero ahora a mis 40 no recuerdo el último día que manejé. Mis hijas nunca han seguido mis gustos y aficiones así que no creo que se vayan a pelear por mi carro cuando decida prescindir de él. Tal vez acabe vendiéndoselo a precio de regalo a algún amigo, como siempre he hecho con mis cosas, porque bien dice mi esposa "soy re bueno pa vender".
Voy por la tercera taza de café del día y creo que ya es hora de el paseo en lancha del miércoles. En la ciudad solía matar la semana el viernes, y desde ahí no volvía a pensar en el trabajo hasta el lunes entrando al estacionamiento. Que pesadilla el trabajo de burócrata en esa oficina a la que llegaba brincando de grupo en grupo, del grupo de conductores histéricos al grupo de peatones frenéticos, y de este, al grupo de checadores de tarjeta y de ahí al mar de gente que inundaba las oficinas en cuestión de minutos. Ahora veo esos días tan lejanos que parece un sueño de hace muchos, muchos años.
Saldré en la lancha a pescar la comida. Nada como un robalo fresco, tortillas estilo mexicano (cortesía de la mucama) y un buen guacamole del que hace mi esposa. Siempre fui un preocupado de mis arrugas, recuerdo que no quería que me diera ni el sol porque quería envejecer un poco más dignamente que esto, porque estas patas de gallo han crecido a pasos agigantados de tanto sol. Podré ahorrarme unos pocos kilos de pescado a la semana pero la factura me sale más cara en la cara. Ernest Heminway se veía chavo junto a mí. El viejo y el mar fue un libro que me marcó, supongo por eso acabé en esta vida tan aburrida pero también tan buscada.
¿Dónde estarán mis huaraches?
Ya no recuerdo la última vez que mis hijas pasearon conmigo en la lancha. En el yate nunca me hicieron el feo y hasta a sus amiguitas invitaban, pero era mucho para el uso que le doy, perdí mucho más tiempo cuidándolo y reparándolo que lo que disfruté paseando en él. Al principio me molestaba el agua en el fondo, porque me ensuciaba los pies y tan poco acostumbrado a caminar descalzo me molestaba caminar con los zapatos mojados. Lo ueno de mis huaraches es que con tanto fregado callo ya los siento como parte de mis no muy bonitos pies. Bonito pescador resulto sin saber nadar. A nadie de los del dominó de los martes le he contado que no nado. Creo que se morirían de la risa luego de las aventuras que hemos pasado en el mar, confiando en que en caso necesario contarían conmigo para atender cualquier emergencia en el agua.
Llevo tanto rato pensando en bajar las escaleras a la costa que se me hace que ya mejor me tomo la primera cerveza del día y cambio el menú por unas almejas con mucho limón y un toque de sal. He comido almejas y ostiones tantas veces que si su fama popular de afrodisíacas fuera tan cierta ya hubiera necesitado una buena dosis de litio para atenuar el candor, jajaja.
Mi esposa viaja tanto a la cuidad con las niñas que ya paso gran parte del año solo. Este retiro más que del trabajo resultó ser un retiro de mi vida tal como la conocía. Si un día me muero podrían pasar un par de semanas antes de que Pepe el de la tienda o los viejos del dominó me echen de menos. Sólo para eso le veo utilidad al celular, para que cuando no lo conteste sepan que ya me morí... o que me fui a pescar y lo olvidé.
Tal vez mañana desempolve el convertible para visitar a mi antiguo amigo de Playa Sola. Ya no estoy para andar en moto y tengo un par de años sin verlo. Bien merece echar a andar el cacharro superdeportivo para ir a visitarlo y salir a buscar un semáforo en el que nos puedan ver esperando la luz verde, con nuestros sombreros de palma y nuestras camisas hawaianas. Par de rabos verdes.
Tal vez esta tarde sólo camine. En estas fechas la playa está llena de huevos de tortuga. Podré salvar unos pocos para ayudar a que esas pequeñas mueran comidas por un pez y no por un humano irrespetuoso de la naturaleza. Tomaré un paquete de cervezas y caminaré hasta el faro. Hago seis cervezas de ida y vuelta. Caminar un six me hará bien.
Que buenas almejas.
A la nevera. Al mal paso darle prisa.
Soñar no cuesta nada.
Soy perfil bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
Las cosas que piensa alguien de 50, que siente que se salió del molde, pero que la verdad en el espejo se ve muy normal. Lo escrito simplemente brota de mi cerebro que en algunas partes está como nuevo y en otras francamente atrofiado. Lo he frenado por años porque creo que no lleva a nada, pero luego de tanto, entiendo que publicarlo tampoco lleva a nada. Así que como dice una frase que le oí a Shrek en su traducción al español: "mejor afuera que adentro". Saludos.
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lunes, 14 de febrero de 2011
viernes, 10 de diciembre de 2010
Fin del año 2010, fin de Perfil Bajo 2010.
Hoy es viernes.
Hoy termina la penúltima semana laboral del año.
Con este año se termina también la pimera década del siglo XXI
Mañana y pasado tengo fiestas grandotas, con familias felices, organizadas por importantes motivos... qué bonito.
Este fin de año creo que nomás asistiré a una posada, ya que me he sentido muy poco amigo y sin mucho ánimo de festejar al niño de la forma más tradicional y pagana.
Quiero pensar que este fin de año marcará tambien para mí, el término de ciertas cosas, de ciertas actitudes, y que de la misma forma pintará la línea de inicio para otras nuevas, renovadas, más limpias, más nobles.
Este año que se me está acabando me marcó mucho por dentro. No sé ni bien explicar cómo ni por qué, pero aunque desde hace años me doy cuenta que voy cambiando, siento que este año está siendo fundamental en estos cambios.
Es tiempo de ponerse serio, es tiempo de empezar a poner mucha atención en acciones y decisiones que otras veces he tomado a la ligera. Es tiempo de cuidar mucho lo que digo. Es tiempo de pensar mucho, mucho más. Es tiempo también de escuchar. No puedo andar por la vida disfrutando nada más el sonido de mi voz y regodeándome en los bonitos conceptos que a veces tengo de mí. Quiero escuchar, quiero mirar con otros ojos y llenarme de lo que tengo alrededor. Es tiempo de cuidarme más, porque aunque hasta ahora parezco ser de hule, no puedo seguir confiado de que así sea. He visto como muchas personas se acaban casi frente a mis ojos, y aunque es un proceso muy natural, no deja de sorprender lo rápido de avanza. Yo me siento "casi" igual, me duelen más las rodillas, me duele más la espalda, me rinde menos la noche, me llena más la comida, me antoja menos la cheve, me cala más el frío, me cubre menos el pelo... pero eso si, sigo estando bien pinche guapo.
Físicamente eso me noto, aunque seguro hay más. Pero emocionalmente también veo y siento cambios, por mencionar algunos, me despierto muy positivo por las mañanas, tolero mucho mejor las cosas que me molestan, hablo menos, pero cuando hablo trato de decir más, participo menos en las polémicas porque le he perdido el gusto a discutir, disfrutando mucho más ahora el siemple hecho de compartir.
Me siento muy orgulloso de mi trabajo como padre hasta ahora. Sé que no he sido el mejor, pero espero estar criando a dos seres humanos únicos, adorables, inteligentes, empáticos, racionales, altruistas, solidarios, amorosos, honestos, sinceros, determinados. Mexicanas ejemplares, exitosas, felices, a las que espero Dios les dé la dicha de gozar una larga vida y, si es su deseo, formar una familia. Ni hablar de que son bellísimas y el mundo gira alrededor de ellas. Son el sol.
Sé también que como persona me falta, y a estas alturas ya me faltó por el resto de mi vida, mucho para ser todo lo que idealizo. Sé que tengo una gran colección de defectos que ya de plano no se corrigieron, pero ya aprendí a aceptarme como la persona imperfecta que soy sin frustrarme.
Entiendo que todos llegamos a este mundo con una mano adelante y otra atrás, y que a cada quién nos son otorgadas "herramientas" con las que habremos de forjar nuestra vida. Las herramientas que a mí me fueron dadas no son de las que más ayudan para proyectar lo que muchos conceptualizamos como éxito, pero siento que sí me fueron dadas las herramientas que llevamos dentro para alcanzar ese otro tipo de éxito que no se vé. El éxito de sentirse pleno y en paz con uno mismo. El éxito de saber que se hacen o por lo menos se intenta hacer las cosas bien, el éxito de alcanzar la felicidad con lo que se tiene y no vivir esperando a que llegue lo que hubiera querido tener. Estoy cierto de que todavía hay cosas por venir, pero no pienso vivir esperando. Tengo lo que tengo, y sólo con eso puedo hacer mis planes.
En el apartado de los reproches y los errores cometidos tengo muchas cosas que no me he podido perdonar. Tengo mi lista de culpas grabada en piedra y espero que Dios sí me perdone porque yo nomás no he podido.
Todo lo que comento forma parte de lo que soy: Un tipo animado por un puño de consejos, costumbres, defectos, intenciones, actitudes, recuerdos y planes.
Este soy al término de este año. No mejor y tampoco peor, sólo evolucionado. Distinto. Recargado, JA!!!
¿Tú quién eres?
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
Hoy termina la penúltima semana laboral del año.
Con este año se termina también la pimera década del siglo XXI
Mañana y pasado tengo fiestas grandotas, con familias felices, organizadas por importantes motivos... qué bonito.
Este fin de año creo que nomás asistiré a una posada, ya que me he sentido muy poco amigo y sin mucho ánimo de festejar al niño de la forma más tradicional y pagana.
Quiero pensar que este fin de año marcará tambien para mí, el término de ciertas cosas, de ciertas actitudes, y que de la misma forma pintará la línea de inicio para otras nuevas, renovadas, más limpias, más nobles.
Este año que se me está acabando me marcó mucho por dentro. No sé ni bien explicar cómo ni por qué, pero aunque desde hace años me doy cuenta que voy cambiando, siento que este año está siendo fundamental en estos cambios.
Es tiempo de ponerse serio, es tiempo de empezar a poner mucha atención en acciones y decisiones que otras veces he tomado a la ligera. Es tiempo de cuidar mucho lo que digo. Es tiempo de pensar mucho, mucho más. Es tiempo también de escuchar. No puedo andar por la vida disfrutando nada más el sonido de mi voz y regodeándome en los bonitos conceptos que a veces tengo de mí. Quiero escuchar, quiero mirar con otros ojos y llenarme de lo que tengo alrededor. Es tiempo de cuidarme más, porque aunque hasta ahora parezco ser de hule, no puedo seguir confiado de que así sea. He visto como muchas personas se acaban casi frente a mis ojos, y aunque es un proceso muy natural, no deja de sorprender lo rápido de avanza. Yo me siento "casi" igual, me duelen más las rodillas, me duele más la espalda, me rinde menos la noche, me llena más la comida, me antoja menos la cheve, me cala más el frío, me cubre menos el pelo... pero eso si, sigo estando bien pinche guapo.
Físicamente eso me noto, aunque seguro hay más. Pero emocionalmente también veo y siento cambios, por mencionar algunos, me despierto muy positivo por las mañanas, tolero mucho mejor las cosas que me molestan, hablo menos, pero cuando hablo trato de decir más, participo menos en las polémicas porque le he perdido el gusto a discutir, disfrutando mucho más ahora el siemple hecho de compartir.
Me siento muy orgulloso de mi trabajo como padre hasta ahora. Sé que no he sido el mejor, pero espero estar criando a dos seres humanos únicos, adorables, inteligentes, empáticos, racionales, altruistas, solidarios, amorosos, honestos, sinceros, determinados. Mexicanas ejemplares, exitosas, felices, a las que espero Dios les dé la dicha de gozar una larga vida y, si es su deseo, formar una familia. Ni hablar de que son bellísimas y el mundo gira alrededor de ellas. Son el sol.
Sé también que como persona me falta, y a estas alturas ya me faltó por el resto de mi vida, mucho para ser todo lo que idealizo. Sé que tengo una gran colección de defectos que ya de plano no se corrigieron, pero ya aprendí a aceptarme como la persona imperfecta que soy sin frustrarme.
Entiendo que todos llegamos a este mundo con una mano adelante y otra atrás, y que a cada quién nos son otorgadas "herramientas" con las que habremos de forjar nuestra vida. Las herramientas que a mí me fueron dadas no son de las que más ayudan para proyectar lo que muchos conceptualizamos como éxito, pero siento que sí me fueron dadas las herramientas que llevamos dentro para alcanzar ese otro tipo de éxito que no se vé. El éxito de sentirse pleno y en paz con uno mismo. El éxito de saber que se hacen o por lo menos se intenta hacer las cosas bien, el éxito de alcanzar la felicidad con lo que se tiene y no vivir esperando a que llegue lo que hubiera querido tener. Estoy cierto de que todavía hay cosas por venir, pero no pienso vivir esperando. Tengo lo que tengo, y sólo con eso puedo hacer mis planes.
En el apartado de los reproches y los errores cometidos tengo muchas cosas que no me he podido perdonar. Tengo mi lista de culpas grabada en piedra y espero que Dios sí me perdone porque yo nomás no he podido.
Todo lo que comento forma parte de lo que soy: Un tipo animado por un puño de consejos, costumbres, defectos, intenciones, actitudes, recuerdos y planes.
Este soy al término de este año. No mejor y tampoco peor, sólo evolucionado. Distinto. Recargado, JA!!!
¿Tú quién eres?
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
lunes, 28 de junio de 2010
Casicuarentón
Estoy a dos meses y días de cumplir cuarenta.
¿Qué hace alguien cuando cumple cuarenta? la verdad muy pocas veces pensé llegar (de hecho todavía no llego), pero esto es casi inminente, voy a llegar a mis cuarenta años.
¿cuáles serían esas cosas que debe uno haber hecho a los cuarenta? algo así como cuando dicen "si no subiste a la torre Eiffel no estuviste en París?
Desde el punto de vista biológico ya nomás me falta morir, pero desde el punto de vista humano? social? filosófico?
Casarme? ya.
Tener un hijo? ya. (hijas, no se asusten)
Escribir un libro? no.
Salvar una vida? no.
Viajar? muy pero muy poco.
Plantar un árbol? sí, muchos cuando hice mi servicio militar, no aprendí un carajo de la milicia pero planté muchos árboles.
viajar por carrereta sin destino fijo? ya.
Escalar una montaña? no.
Aprender a tocar un instrumento? no.
Estudiar una carrera? ya, a tiros y tirones pero ya.
Saltar en paracaidas? no.
Llevar a mis hijas al altar? no.
Viajar solo a un lugar lejano? ya.
Pensar en mi propio epitafio? no.
Regalar dinero a un desconocido? no, y está cabrón.
Dormir a cielo raso en la playa? no.
vivir sin necesidad de trabajar? no.
hay muchas, muchísimas listas de lo que cada quien cree que se debería hacer, pero lo cierto es que me siento muy pero muy lejos de tener una vida con el nivel de trascendencia que yo quisiera.
Existen muchas formas de trascender, las que más vemos son las de la gente que trasciende a través del arte, de la política, del dinero o del crimen. A través del crimen no se me antoja, porque los mejores puestos ya están ocupados, a través de la política tampoco, porque eso de comer m... sin hacer gestos no se me dá; así que a menos que me descubra un don de pintor o músico excepcional, o que resulte ser yo hijo ilegítimo de Michael Jackson creo que me conformaré con trascender a través de mis hijas. Hay mucho trabajo por delante y muchas satisfacciones que recibir.
Por lo pronto me contento con descubrirme cada mañana recitando mi pequeña lista de agradecimientos a Dios y la vida por lo bien que me tratan.
Tal vez mañana salte en paracaídas. Tal vez no.
Perfil aerofóbico.
¿Qué hace alguien cuando cumple cuarenta? la verdad muy pocas veces pensé llegar (de hecho todavía no llego), pero esto es casi inminente, voy a llegar a mis cuarenta años.
¿cuáles serían esas cosas que debe uno haber hecho a los cuarenta? algo así como cuando dicen "si no subiste a la torre Eiffel no estuviste en París?
Desde el punto de vista biológico ya nomás me falta morir, pero desde el punto de vista humano? social? filosófico?
Casarme? ya.
Tener un hijo? ya. (hijas, no se asusten)
Escribir un libro? no.
Salvar una vida? no.
Viajar? muy pero muy poco.
Plantar un árbol? sí, muchos cuando hice mi servicio militar, no aprendí un carajo de la milicia pero planté muchos árboles.
viajar por carrereta sin destino fijo? ya.
Escalar una montaña? no.
Aprender a tocar un instrumento? no.
Estudiar una carrera? ya, a tiros y tirones pero ya.
Saltar en paracaidas? no.
Llevar a mis hijas al altar? no.
Viajar solo a un lugar lejano? ya.
Pensar en mi propio epitafio? no.
Regalar dinero a un desconocido? no, y está cabrón.
Dormir a cielo raso en la playa? no.
vivir sin necesidad de trabajar? no.
hay muchas, muchísimas listas de lo que cada quien cree que se debería hacer, pero lo cierto es que me siento muy pero muy lejos de tener una vida con el nivel de trascendencia que yo quisiera.
Existen muchas formas de trascender, las que más vemos son las de la gente que trasciende a través del arte, de la política, del dinero o del crimen. A través del crimen no se me antoja, porque los mejores puestos ya están ocupados, a través de la política tampoco, porque eso de comer m... sin hacer gestos no se me dá; así que a menos que me descubra un don de pintor o músico excepcional, o que resulte ser yo hijo ilegítimo de Michael Jackson creo que me conformaré con trascender a través de mis hijas. Hay mucho trabajo por delante y muchas satisfacciones que recibir.
Por lo pronto me contento con descubrirme cada mañana recitando mi pequeña lista de agradecimientos a Dios y la vida por lo bien que me tratan.
Tal vez mañana salte en paracaídas. Tal vez no.
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