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jueves, 10 de enero de 2013

Mi primer auto de "señor".

Hace unos días le contaba a mi mamá de un Ford Maverick que tuve. Fue un carro muy especial, mi primero de casado.

Color discreto, el avispón verde se moriría de envidia al ver ese verde tan intenso brillante y tornasolado.

Era estándar y se le atoraban las velocidades, así que era muy normal que llegara yo de donde sea, todo lleno de tierra y grasa por meterme debajo del carro a destrabar las varillas.

Por dentro casi no tenía piso, estaba podridísimo y podía adivinar la velocidad nomás de ver pasar la calle bajo mis pies. Toda esa podredumbre y muchos choques me imagino, hacían que el carro se pandeara y bailara como hawaiiana al irlo manejando. Me acuerdo que en Av. Patria brincaba tanto que mi hija Fer (bebé entonces) hacía ruidos tipo "aaaaaaaaaaaaaaa" y se moría de la risa porque en realidad sonaba "aaa-aa-aaaaaa-a-a-aaaa-aaaaa-aaaa-aaaaa-aa" de tantos brincos de dábamos.

No se me olvida cuánto me ofendí el día que escuché a dos vecinas elucubrando un plan para que viniera la grúa por mi carro y lo llevara al tiradero. Muy molesto les expliqué que era mi carro y no estaba abandonado, era mi carro de los domíngos.

No era fácil atreverme a subir la velocidad porque no podía pararlo, pero tengo grabada como si fuera en piedra la mirada de mi esposa cuando una vez, circulando en periférico, los guardafangos empezaron a levantarse cual alas, al más puro estilo de Bond James Bond.

Carrazo!!

Soy Perfil Bajo y voy lleno nenas.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Mi nuevo auto viejo.

Hace algunos meses vendí mi super clásico alemán, en el que habría de irme a recorrer Baja California; mi compañero de tantos viajes.

No habían pasado ni dos meses cuando en un estacionamiento de un amigo, entre otros varios autos, vi otro super deportivo; así como me gustan, feo por todos lados, viejo y fiado. Desde lejos me cerraba el ojo, todo empolvado, lleno de óxido, agua y tierra en el interior.

¿Cómo resistirse?

Para pronto platiqué con mi amigo, y le hice un ofrecimiento que no podría resistir: llevarme el carro tan pronto como lograra encenderlo y que se lo pagaría como fuera pudiendo y empezando a abonar el año entrante. Tal como lo preví, mi amigo aceptó.

El objeto de mi deseo es la versión deportiva de uno de los carros más feos de su época, el Chrysler Shadow; el GTS no fue un auto del todo feo, pero tengo que reconocer que el mío, con sus adaptaciones dirigidas a romper marcas de velocidad, rompe también con algunos límites de la estética.

Lo primero que se hace evidente es que el tiempo y su dueño anterior se empeñaron en ocultar todo rastro de su apariencia deportiva, luciendo actualmente los rines más feos de los 80s; un interior espartano, sin plásticos innecesarios, sin alfombra, radio, y con una sala de tres piezas al estilo de los decoradores que buscan romper la monotonía de un espacio colocando algún mueble que parece sacado de otro tiempo, con otras texturas y colores. Tinto, rojo, negro, gris y azul son los colores que combinan sus asientos. Ni hablar de las formas, dos muy convencionales y el tercero con respaldo alto y una ergonomía que impide sentarse dignamente en él al entrar al carro. Siempre que me acomodo en el asiento del conductor me viene a la memoria la estatua de El Pensador, de Rodin, a quien siempre ubico sentado en un retrete y no en una roca.

Para entrar también necesito hacer un ritual de abrir-cerrar varias veces la chapa, hasta que el seguro sube lo suficiente para hacer clic y liberar la puerta. Siemrpe que lo abro en la calle parece que me lo estoy robando.

A pesar de su fealdad, mi nuevo carro viejo agrada a los que me quieren, porque en fecha que nadie me ha dicho lo que siempre digo cuando me ven en él: que está feo. Creoq ue no me lo dicen por dos cosas; porque lo dije yo primero, y por no darme motivos para estar triste.

Tengo apenas unas semanas de ir y venir en mi nuevo auto viejo, pero ya hoy lo quiero y le auguro un buen futuro yendo y viniendo conmigo por las calles de esta gran ciudad.

Perfil Bajo.

La primera impresión

"Sólo tenemos una oportunidad para causar una buena primera impresión". Hoy recordé esa frase, y también recordé a la Tía Matilde...