Hoy es viernes.
Hoy termina la penúltima semana laboral del año.
Con este año se termina también la pimera década del siglo XXI
Mañana y pasado tengo fiestas grandotas, con familias felices, organizadas por importantes motivos... qué bonito.
Este fin de año creo que nomás asistiré a una posada, ya que me he sentido muy poco amigo y sin mucho ánimo de festejar al niño de la forma más tradicional y pagana.
Quiero pensar que este fin de año marcará tambien para mí, el término de ciertas cosas, de ciertas actitudes, y que de la misma forma pintará la línea de inicio para otras nuevas, renovadas, más limpias, más nobles.
Este año que se me está acabando me marcó mucho por dentro. No sé ni bien explicar cómo ni por qué, pero aunque desde hace años me doy cuenta que voy cambiando, siento que este año está siendo fundamental en estos cambios.
Es tiempo de ponerse serio, es tiempo de empezar a poner mucha atención en acciones y decisiones que otras veces he tomado a la ligera. Es tiempo de cuidar mucho lo que digo. Es tiempo de pensar mucho, mucho más. Es tiempo también de escuchar. No puedo andar por la vida disfrutando nada más el sonido de mi voz y regodeándome en los bonitos conceptos que a veces tengo de mí. Quiero escuchar, quiero mirar con otros ojos y llenarme de lo que tengo alrededor. Es tiempo de cuidarme más, porque aunque hasta ahora parezco ser de hule, no puedo seguir confiado de que así sea. He visto como muchas personas se acaban casi frente a mis ojos, y aunque es un proceso muy natural, no deja de sorprender lo rápido de avanza. Yo me siento "casi" igual, me duelen más las rodillas, me duele más la espalda, me rinde menos la noche, me llena más la comida, me antoja menos la cheve, me cala más el frío, me cubre menos el pelo... pero eso si, sigo estando bien pinche guapo.
Físicamente eso me noto, aunque seguro hay más. Pero emocionalmente también veo y siento cambios, por mencionar algunos, me despierto muy positivo por las mañanas, tolero mucho mejor las cosas que me molestan, hablo menos, pero cuando hablo trato de decir más, participo menos en las polémicas porque le he perdido el gusto a discutir, disfrutando mucho más ahora el siemple hecho de compartir.
Me siento muy orgulloso de mi trabajo como padre hasta ahora. Sé que no he sido el mejor, pero espero estar criando a dos seres humanos únicos, adorables, inteligentes, empáticos, racionales, altruistas, solidarios, amorosos, honestos, sinceros, determinados. Mexicanas ejemplares, exitosas, felices, a las que espero Dios les dé la dicha de gozar una larga vida y, si es su deseo, formar una familia. Ni hablar de que son bellísimas y el mundo gira alrededor de ellas. Son el sol.
Sé también que como persona me falta, y a estas alturas ya me faltó por el resto de mi vida, mucho para ser todo lo que idealizo. Sé que tengo una gran colección de defectos que ya de plano no se corrigieron, pero ya aprendí a aceptarme como la persona imperfecta que soy sin frustrarme.
Entiendo que todos llegamos a este mundo con una mano adelante y otra atrás, y que a cada quién nos son otorgadas "herramientas" con las que habremos de forjar nuestra vida. Las herramientas que a mí me fueron dadas no son de las que más ayudan para proyectar lo que muchos conceptualizamos como éxito, pero siento que sí me fueron dadas las herramientas que llevamos dentro para alcanzar ese otro tipo de éxito que no se vé. El éxito de sentirse pleno y en paz con uno mismo. El éxito de saber que se hacen o por lo menos se intenta hacer las cosas bien, el éxito de alcanzar la felicidad con lo que se tiene y no vivir esperando a que llegue lo que hubiera querido tener. Estoy cierto de que todavía hay cosas por venir, pero no pienso vivir esperando. Tengo lo que tengo, y sólo con eso puedo hacer mis planes.
En el apartado de los reproches y los errores cometidos tengo muchas cosas que no me he podido perdonar. Tengo mi lista de culpas grabada en piedra y espero que Dios sí me perdone porque yo nomás no he podido.
Todo lo que comento forma parte de lo que soy: Un tipo animado por un puño de consejos, costumbres, defectos, intenciones, actitudes, recuerdos y planes.
Este soy al término de este año. No mejor y tampoco peor, sólo evolucionado. Distinto. Recargado, JA!!!
¿Tú quién eres?
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
Las cosas que piensa alguien de 50, que siente que se salió del molde, pero que la verdad en el espejo se ve muy normal. Lo escrito simplemente brota de mi cerebro que en algunas partes está como nuevo y en otras francamente atrofiado. Lo he frenado por años porque creo que no lleva a nada, pero luego de tanto, entiendo que publicarlo tampoco lleva a nada. Así que como dice una frase que le oí a Shrek en su traducción al español: "mejor afuera que adentro". Saludos.
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viernes, 10 de diciembre de 2010
viernes, 13 de noviembre de 2009
¿Relaciones diplomáticas intercontinentales? ni madres.
Tengo unos tres meses de sentirme muy mexicano. Un primermundista en México.
Es curioso, pero gracias a mi madre siempre he sido un tipo con una autoestima muy completa. Vivo mi vida brincando de un lado al otro en la línea de la supervivencia y la apenas vida, sin embargo siempre he tenido el descaro de decir que soy de esas personas que rara vez se conocen, con clase, con gusto por el bien vivir y con un pequeño toque de gente ordinaria nomas para no caer tan gordo.
Con todo lo anterior, ya tendrán algún contexto que les oriente para tratar de comprenderme, igual hasta para aceptarme.
Les contaba yo, que hará unos tres meses finalmente se cristalizó nuestro longevo plan de mandar a una de nuestras hijas al extranjero, a que se vuelva gente bonita (ya es, pero da más) y aprenda un segundo idioma. De modo que vive en Canadá, en un paradisiaco y pequeño lugar. Lo bonito de este juego es que para participar, es necesario dar algo, a mi hija, a mi gente, a todo el que ha estado dispuesto a escucharme alguna vez le he dicho que en esta vida nada es gratis. Todo implica un costo, económico, en especie y hasta moral, pero todo se paga. Entonces pues, recibimos a una criatura de Polonia que vendría a llenar el hueco de la ausencia de nuestra querida hija. Nos pareció muy buena idea eso de pagar con la misma moneda al recibir a una niña que igual que la nuestra, llegaría a ser la alegría del hogar anfitrión y a causar las delicias de nuestras amistades al compartirles sus experiencias con su acento tipo kamarrada ruso.
Dios sabía y no me dijo cuán equivocado estaba yo. Los inicios pintaban bien, la niña se veía gente bonita, así que me dije: "se ve bien, seguramente lo que trae el paquete valdrá la pena", pero pues ya desde nuestra primera frase las cosas sonaban raras. Seguramente nos veíamos muy singulares todos parados en la sala de arrivals del aeropuerto acompañados por mi hijita chiquita de 8 años con su letrero de "bienvenida polyta". Después de algún rato llegó con su saco institucional y cara de pocos amigos. Nadie debió decirle que aunque de Polonia a México es bajada el tirón está largo. Todos la recibimos con un abrazo, un beso y un "¿cómo estás? bienvenida" a lo que ella contestó "cansada".
Luego de ese primer encuentro empecé yo a tener una que otra mala idea sobre Polonia y su embajadora de buena voluntad, pero pensé que eran mis prejuicios y mi filtro tan agudo para escoger a la gente que quiero cerca. Poco a poco las cosas fueron fluyendo y empezamos a verle lo bueno a la niña: dormía mucho, comía sólo quesadillas, se bañaba diario y hablaba poco. ¿qué más podíamos pedir?
Total que a diario nos felicitábamos por la suerte que teníamos de haber recibido a esta jovencita tan modosita, a la que poco a poco íbamos descubriendo como algo que podríamos equiparar a una naca de importación. El primer día nos moríamos de risa de que le encantaban las novelas, a los días nos maravillamos por la candidez con que se confesó fan de las luchas y de toda la música de "exa". Empezó a cantarnos diario una canción de una tal fanylu y otra que decía "cahuates pistaches". Un día no aguanté más y le dije "eres naquísima", pero ni se ofendió. Seguro que en Polonia no distinguen a un naco de cualquier otro.
Le gustan las faldas cortas, sobre eso no tengo tanta queja, pero creo que México y los mexicanos no estamos listos para faldas tan cortas, y seguramente más de una cosa le han de decir al verla por ahí enseñando calzón. Un día le pregunté "¿así te vas a ir?, enseñas todos los calzones" y me contestó "me puse unos bonitos".
Un día se nos puso malísima, nunca pensé que las quesadillas fueran tan malas, pero supongo que si son capaces de poner a alguien así como se puso ella luego de comer solo quesadillas durante 20 días, no pueden ser buenas. Pasó toda una noche vomitando, cambio de sábana, vómito, cambio de sábana, vómito y así hasta acabar con nuestro clóset de blancos. Le encantaban pero no se hicieron buenas amigas porque no la he vuleto a ver comer una. Pero esto no le pasa sólo con las quesadillas, porque igual he visto que le pasa con amigas, como su nueva amiga que perdió tan pronto como le pepenó al jóven moreno encendido que según esto era su mejor amigo. El es buen partido segú se vé. No soy racista, pero lo moreno de su piel va mas allá de los estético o por lo menos en él no se ve sexy, de la única fiesta que me contaron acabó medio indispuesto de su idilio con el alcohol y lo tuvieron que separar del chaparrito de porcelana. Yo lo vi tipo regetonero pero no sé. Nomás lo tengo a él para referencia de sus gustos. Bueno, a él y a otro de trenza, barba y patillas largas de aspecto hippie que un día la llevo a la casa luego de bailar un par de horas al aire libre en una plaza de zapopan.
Ya pensaba yo que cosa fina tal vez no era, pero me consolaba pensando que era buena persona. Luego sucedió.
La invité al fútbol, a mi que ni me gusta el fútbol porque no entiendo como puede alguien emocionarse viendo a una bola de nacos venidos a más porque le saben pegar a una pelota, dirigidos por un especialista, igual de naco que ellos pero con mas dinero y con la virtud de lograr que once que mas o menos le pegan sean capaces de no dar una. Pero eso es otra historia. Total, le digo, pues vamos. En un rato me llama y me dice "si, pero podrrrrrías llevarr a mi amiga?" y yo, todo amabilidad claro que le dije que si.
Luego de un par de malentendidos -que a esta pobre le han pasado tantos que empiezo a pensar que tantos malentendidos no pueden ser una coincidencia- pasé por ella a un punto acordado, cargando yo su bolsa que no combinaba con mis zapatos. Pasé un par de veces porque no la encontraba. Luego de llamarle al móvil y regañarla la encontré. Se subió atrás y pidió a su compañera que hiciera lo mismo. Yo me alcancé a molestar, porque aunque mi carro no tiene todas las opciones de confort, sí tiene dos asientos adelante. De poco sirvió mi cara porque igual me fui solo adelante hasta el estadio. Fiel a su poco verbo no me habló hasta adentro del estadio donde primero me dijo, "el estadio es pequeño", en su rancho el estadio ha de ser para 500 espectadores, pero igual le pareció poca cosa. Unos 30 minutos después me habló de nuevo: "quierrro palomitas" y yo, amable y lamentando haberme molestado por incidente del "taxista" le compré sus palomitas de maíz. No me dijo gracias. De hecho las gracias creo que sólo las escucho cuando no son apropiadas, ella ha de pensar que significan otra cosa. Una hora más tarde me habló de nuevo: "...... frase incomprensible", porque como se sentó a dos bancas de donde estaba yo, no la alcanzaba a escuchar, así que me acerqué y ya me dijo "¿nos tomas una foto?" Así acabó mi primer juego de fútbol en el estadio de los últimos 18 años.
Claro que yo me empecé a sentir como que con una predisposición negativa a mi embajadora... continuará.
Es curioso, pero gracias a mi madre siempre he sido un tipo con una autoestima muy completa. Vivo mi vida brincando de un lado al otro en la línea de la supervivencia y la apenas vida, sin embargo siempre he tenido el descaro de decir que soy de esas personas que rara vez se conocen, con clase, con gusto por el bien vivir y con un pequeño toque de gente ordinaria nomas para no caer tan gordo.
Con todo lo anterior, ya tendrán algún contexto que les oriente para tratar de comprenderme, igual hasta para aceptarme.
Les contaba yo, que hará unos tres meses finalmente se cristalizó nuestro longevo plan de mandar a una de nuestras hijas al extranjero, a que se vuelva gente bonita (ya es, pero da más) y aprenda un segundo idioma. De modo que vive en Canadá, en un paradisiaco y pequeño lugar. Lo bonito de este juego es que para participar, es necesario dar algo, a mi hija, a mi gente, a todo el que ha estado dispuesto a escucharme alguna vez le he dicho que en esta vida nada es gratis. Todo implica un costo, económico, en especie y hasta moral, pero todo se paga. Entonces pues, recibimos a una criatura de Polonia que vendría a llenar el hueco de la ausencia de nuestra querida hija. Nos pareció muy buena idea eso de pagar con la misma moneda al recibir a una niña que igual que la nuestra, llegaría a ser la alegría del hogar anfitrión y a causar las delicias de nuestras amistades al compartirles sus experiencias con su acento tipo kamarrada ruso.
Dios sabía y no me dijo cuán equivocado estaba yo. Los inicios pintaban bien, la niña se veía gente bonita, así que me dije: "se ve bien, seguramente lo que trae el paquete valdrá la pena", pero pues ya desde nuestra primera frase las cosas sonaban raras. Seguramente nos veíamos muy singulares todos parados en la sala de arrivals del aeropuerto acompañados por mi hijita chiquita de 8 años con su letrero de "bienvenida polyta". Después de algún rato llegó con su saco institucional y cara de pocos amigos. Nadie debió decirle que aunque de Polonia a México es bajada el tirón está largo. Todos la recibimos con un abrazo, un beso y un "¿cómo estás? bienvenida" a lo que ella contestó "cansada".
Luego de ese primer encuentro empecé yo a tener una que otra mala idea sobre Polonia y su embajadora de buena voluntad, pero pensé que eran mis prejuicios y mi filtro tan agudo para escoger a la gente que quiero cerca. Poco a poco las cosas fueron fluyendo y empezamos a verle lo bueno a la niña: dormía mucho, comía sólo quesadillas, se bañaba diario y hablaba poco. ¿qué más podíamos pedir?
Total que a diario nos felicitábamos por la suerte que teníamos de haber recibido a esta jovencita tan modosita, a la que poco a poco íbamos descubriendo como algo que podríamos equiparar a una naca de importación. El primer día nos moríamos de risa de que le encantaban las novelas, a los días nos maravillamos por la candidez con que se confesó fan de las luchas y de toda la música de "exa". Empezó a cantarnos diario una canción de una tal fanylu y otra que decía "cahuates pistaches". Un día no aguanté más y le dije "eres naquísima", pero ni se ofendió. Seguro que en Polonia no distinguen a un naco de cualquier otro.
Le gustan las faldas cortas, sobre eso no tengo tanta queja, pero creo que México y los mexicanos no estamos listos para faldas tan cortas, y seguramente más de una cosa le han de decir al verla por ahí enseñando calzón. Un día le pregunté "¿así te vas a ir?, enseñas todos los calzones" y me contestó "me puse unos bonitos".
Un día se nos puso malísima, nunca pensé que las quesadillas fueran tan malas, pero supongo que si son capaces de poner a alguien así como se puso ella luego de comer solo quesadillas durante 20 días, no pueden ser buenas. Pasó toda una noche vomitando, cambio de sábana, vómito, cambio de sábana, vómito y así hasta acabar con nuestro clóset de blancos. Le encantaban pero no se hicieron buenas amigas porque no la he vuleto a ver comer una. Pero esto no le pasa sólo con las quesadillas, porque igual he visto que le pasa con amigas, como su nueva amiga que perdió tan pronto como le pepenó al jóven moreno encendido que según esto era su mejor amigo. El es buen partido segú se vé. No soy racista, pero lo moreno de su piel va mas allá de los estético o por lo menos en él no se ve sexy, de la única fiesta que me contaron acabó medio indispuesto de su idilio con el alcohol y lo tuvieron que separar del chaparrito de porcelana. Yo lo vi tipo regetonero pero no sé. Nomás lo tengo a él para referencia de sus gustos. Bueno, a él y a otro de trenza, barba y patillas largas de aspecto hippie que un día la llevo a la casa luego de bailar un par de horas al aire libre en una plaza de zapopan.
Ya pensaba yo que cosa fina tal vez no era, pero me consolaba pensando que era buena persona. Luego sucedió.
La invité al fútbol, a mi que ni me gusta el fútbol porque no entiendo como puede alguien emocionarse viendo a una bola de nacos venidos a más porque le saben pegar a una pelota, dirigidos por un especialista, igual de naco que ellos pero con mas dinero y con la virtud de lograr que once que mas o menos le pegan sean capaces de no dar una. Pero eso es otra historia. Total, le digo, pues vamos. En un rato me llama y me dice "si, pero podrrrrrías llevarr a mi amiga?" y yo, todo amabilidad claro que le dije que si.
Luego de un par de malentendidos -que a esta pobre le han pasado tantos que empiezo a pensar que tantos malentendidos no pueden ser una coincidencia- pasé por ella a un punto acordado, cargando yo su bolsa que no combinaba con mis zapatos. Pasé un par de veces porque no la encontraba. Luego de llamarle al móvil y regañarla la encontré. Se subió atrás y pidió a su compañera que hiciera lo mismo. Yo me alcancé a molestar, porque aunque mi carro no tiene todas las opciones de confort, sí tiene dos asientos adelante. De poco sirvió mi cara porque igual me fui solo adelante hasta el estadio. Fiel a su poco verbo no me habló hasta adentro del estadio donde primero me dijo, "el estadio es pequeño", en su rancho el estadio ha de ser para 500 espectadores, pero igual le pareció poca cosa. Unos 30 minutos después me habló de nuevo: "quierrro palomitas" y yo, amable y lamentando haberme molestado por incidente del "taxista" le compré sus palomitas de maíz. No me dijo gracias. De hecho las gracias creo que sólo las escucho cuando no son apropiadas, ella ha de pensar que significan otra cosa. Una hora más tarde me habló de nuevo: "...... frase incomprensible", porque como se sentó a dos bancas de donde estaba yo, no la alcanzaba a escuchar, así que me acerqué y ya me dijo "¿nos tomas una foto?" Así acabó mi primer juego de fútbol en el estadio de los últimos 18 años.
Claro que yo me empecé a sentir como que con una predisposición negativa a mi embajadora... continuará.
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