Justo ahora que revisaba el escaso tráfico en mi blog, recordé esta que a continuación les cuento:
Hace más o menos una década era yo visitante asiduo de Puerto Plácido, ya que mi trabajo me obligaba a ir periódicamente a "supervisar" que las cosas fluyeran armoniosamente en cierta escuela.
Recuerdo también que la obligatoriedad de las visitas no me molestaba en lo absoluto, y que la periodicidad de las vueltas nunca era lo sificientemente frecuente.
Las visitas eran de fin de semana, siendo el sábado el día obligado, aunque me desocupaba temprano y solía quedarme hasta el domingo para poder disfrutar un poquito más de las bondades del Puerto.
Por alguna razón que no entiendo, en el medio que me desempeño hay mucha gente muy culta, con muchos estudios, pero también con gran afición a la bohemia y las bebidas espirituosas. Siendo estos dos temas los que siempre guiaban la agenda al término de la jornada laboral.
Recuerdo en particular dos episodios en los que por lo menos uno de mis colegaas dió alguna nota curiosa.
Un día ya tarde estábamos parados afuera de un baresito que más bien era una cantina en donde nos trataban muy bien porque conocían muy bien a el colega que había propuesto el lugar. Recuerdo que estaba junto a un antro gay muy famoso, y justo afuera estábamos (sin intenciones de entrar) cuando se me perdió Perfil Filósofo Universitario (aquí todos somos académicos hasta que se demuestre lo contrario), pregunté por él y alguien más señaló al suelo, en donde, dentro de una maceta enorme estaba el maestro moviendo pies y manos cual cucaracha panza arriba haciendo un vano esfuerzo por levantarse. Al ver la escena se acercó otro borracho que pasaba y nos dice "yo lo hic! tumbé con la mirada hic!", dos de nosotros, preocupados por el fiestón de claudio, lo levantamos, ya vertical, seguimos con nuestra discusión de a dónde ir, y cuando tocó el turno de Perfil Filósofo de nuevo no estaba, pero ya sabíamos donde buscarlo. Lo levantamos y llevamos a su hotel, de donde huyó sin avisar con rumbo a la central de autobuses.
Recuerdo que ese día Filósofo no llegó a cumplir su cometido de ese fin de semana y abandonó Puerto Plácido antes de presentarse a trabajar. Salud por eso!!
En otra de esas visitas me acompañaba un maestro ya entrado en años que una de dos, o se tomaba su loción y traía aliento a loción todo el día, o usaba brandi para perfumarse, porque siempre olía igual cuando se iba a dormir después de una guarapeta y cuando salía de bañarse fresco como lechuga.
Cenábamos un día en famoso lugar de comida cubana, cuando entre mojito y mojito me dice una compañera, "oye, llévate al maestro porque me está diciendo cosas", y yo, siempre caballero, decidí liberar a la dama de su suplicio. Apuré el mojo y solté la frase "voy a seguirle a otro lado, ¿quién me acompaña?", y el maestro, pese a estar ya entrado en el invierno de su vida, fue el único entusiasta que se puso de pié y se agregó al contingente, que por acuerdo previo era sólo de dos.
Salimos, caminamos un par de cuadras, y entramos en un bar de spring breakers con mucha historia y muchos ebrios, que ahora no es mas que eso, y pedimos un par de cervezas. Sin más preámbulo le digo "voy a buscar alguien con quien bailar" y acto seguido salí por la puerta del bar y regresé a continuar con los mojitos con Perfila Curvilínea, Perfila Viva la Fiesta y Perfila Académica Destacada. Luego de sentarme me preguntan ¿cómo le hiciste? y ya les expliqué, que lo llevé a un bar y le dije que iba a bailar y lo abandoné. Ellas se quedaron muy preocupadas por mi actuar tan desconsiderado, pero en ningún momento me pidieron que fuera por él.
Pasó la noche en tranquilidad, caminamos un poco por el pueblo y nos fuimos a dormir. Pensé que al llegar encontraría al Maestro Perfil Otoñal y Volátil muy molesto y crudo, pero su cama estaba tendida y sin rastro de su llegada.
Sin preocuparme más que por preparar un buen pretexto me dormí. Ya al despertar escuché desde el baño la canción que solía cantar en el momento de la ducha y salió muy redondo y bien fajado en su toalla saludándome con su cotidiana frase "había una vez... truz!!".
Estaba yo preparando mi speech, cuando el toma la palabra y me dice "oye, ayer dónde andabas que me fuí a un baresito muy bonito a bailar. Conocí a una muchacha con la que bailé toda la noche, bailamos en las mesas y ya no supe ni cómo ni a qué horas llegué".
Sepa Dios cómo habrá estado la aventura de Perfil Otoñal y Volátil, pero espero que no la halla visto tan bonita nomás por el lente con el que miraba las cosas ese día a esa hora. Lo bueno es que se divirtió y hasta encontró con quien bailar, porque con Perfila Curvilínea su gestión nomás no iba a prosperar.
Dios sabe por qué pasan las cosas. Cómo pasé momentos divertidos y de buena plática con ese maestro.
Maestro!!!
Perfil Académico.
Las cosas que piensa alguien de 50, que siente que se salió del molde, pero que la verdad en el espejo se ve muy normal. Lo escrito simplemente brota de mi cerebro que en algunas partes está como nuevo y en otras francamente atrofiado. Lo he frenado por años porque creo que no lleva a nada, pero luego de tanto, entiendo que publicarlo tampoco lleva a nada. Así que como dice una frase que le oí a Shrek en su traducción al español: "mejor afuera que adentro". Saludos.
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martes, 28 de septiembre de 2010
lunes, 20 de septiembre de 2010
hay que saber retirarse a tiempo
En estos días festivos pasaron varias cosas. Tuve mi festejo de mis cuarenta, descansé mucho y mi tía Bertha emprendió el viaje sin regreso.
En un par de ocasiones a lo largo de los cinco días que duró este pequeño puentesillo mencioné que hay que saber retirarse a tiempo, cosa que siempre he dicho, ya que perfila sabrosa es de esas visitantes empedernidas que visita hasta que las indirectas se vuelven claridosas.
continuará...
bueno, les contaba de este asunto. Pues no sé si a mi Tía Bertha le parecería buena idea retirarse de este mundo a los 98. A mí no me pareció bien. Para mí, mi tía Bertha era la viva representación de la profesora por vocación. Era la profesora tal como los profesores deben ser. Era culta, educada, amable y muy inteligente. Voy a extrañar mucho tus "SIIIiiiIIII" y tus pláticas tan ilustrativas sobre cualquier cantidad de temas que tratamos a lo largo de esos domingos soleados entre tanto árbol y teja, donde ahora sólo hay cemento y palmeras. El jardín cambió de dueño, pero sigue siendo un espacio para la formación cultural, ya que como seguramente te habrás enterado antes de irte, nuestra antigua casa es ahora parte de una universidad.
Otro aspecto menos romántico, pero este si, ejemplo mío de lo que para mí es saber retirarse a tiempo, es aquélla vez que me bajé de la moto.
Nunca he sido bueno para manejar motocicleta y en casi todos mis contactos he tenido algún percance. Una vez agarré una de 500 centímetros (moto) y sin saber ni meterle los cambios ya iba en tercera y acelerando, cuando una señora tuvo la idea de cambiar la ruta y dar vuelta súbitamente sin señal direccional. Esa vez nomás grité "Pacoooooo" y Francisco Antonio Díaz Mariscal, que fue mi ángel guardian allá en mis años mozos salió de la nada y me levantó del suelo, enderezó la moto y todos nos fuimos felices y contentos a seguir trabajando, porque esa vez estaba probando motos cuando en realidad debía estar trabajando. Por cierto que creo que Paco se fue de mojado a EU, donde seguramente ha de seguir, y espero que le vaya muy bien porque era una excelente persona.
En otra aventura de moto que recuerdo, mi primo Jorge manejaba y yo era nomás acompañante, mi primo arrancó dando show a los vecinos y yo hice lo propio dando una maroma hacia atrás, para luego, sin caerme, colgar cabeza abajo y con las piernas hacia atrás... no es fácil explicar, tendrían que haberme visto, pero era algo más o menos así: @ mi primo pensó que me había caido. No fue sino hasta que se detuvo a mirar, que vió que seguía yo "amarrado" a la moto y sin posibilidad de bajarme. Ciertamente dimos show.
Pero bueno... la anécdota motociclística que ilustra el "saber retirarse a tiempo" fue en Ensenada B.C. en mis tiernos 12s calculo yo.
Íbamos en esa ocasión mi primo Arturo (qepd) de pasajero y un servidor al manubrio.
La moto en cuestión era una chispa carabela como de unos 40 c.c. de esas que se prendían pedaleando y no representaban mayor peligro para nadie con más de un dedo de frente, o por lo menos eso pensé yo.
Para pronto me ofrecí a mostrarle a mi primo la ciudad, ya que él nos visitaba de Perfilandia Jalisco, y la moto fue el medio de transporte elegido, ya que era mi única elección.
Abordamos la moto y con las rodillas casi arrastrando arrancamos despidiéndonos de toda la familia que nos observaban en la cochera de los departamentos donde vivía entonces la tío Perfil Rico McPato, en la calle carabelas a un par de cuadras de la unidad deportiva "Sullivan".
la primera cuadra íbamos derecho así que no hubo problemas, pero luego llegamos a una bifurcación a partir de la cuál podíamos pasar a la derecha o izquierda de la entonces casa de las gemelas Ivonne e Ivette, que luego se hicieran famosas cantando canciones infantiles, pero como ya volvieron a su anonimato original no abundo en la explicación. Teniendo entonces la opción de "izquierda ó derecha" y siendo yo siempre siempre muy democrático, le pregunté a Arturo para dónde quería ir, pero Arturo siempre tan adaptable a mis caprichos me dijo "no sé, para donde tú quieras", mientras tanto seguíamos recortando la distancia con la esquina en una situación que en este momento se me antoja muy paralela a lo del Titanic cuando se acercaba al iceberg con el que habría de chocar y hundirse.
"¿izquierda o derecha?"
"¿izquierda o derecha?"
Pues esperé a Arturo tanto como pude pero nomás no decidió, así que en el último segundo tuve que elegir yo el que sería el destino de mi vida en la próxima cuadra así que giré a la derecha, no, mejor a la izquierda, no mejor a... en ese momento la llanta, apenas más gorda que la de una bicicleta, se derrapó, perdiéndo ya el control de la moto. Hice todavía un par de intentos por salvar la situación ya que la moto no era mía, pero no había lucha. Fue entonces donde apliqué mi filosofía de retirarse a tiempo y me bajé.
Si si si. Me bajé. No frené, no nos caímos, no apagué la moto ni nada simplemente me bajé. No sé muy bien cómo fui tan hábil para bajarme de una moto que avanzaba tal vez a unos 20 km por hora, pero la cosa es que me bajé sin molestar a mi primo que iba sentado atrás de mí y por si fuera poco ni siquiera me caí, simplemente me quedé perfectamente parado a media calle, frente a la casa de las gemelas viendo como Arturo se alejaba todavía copiloteando la moto de mi tía Perfila Casi-el-Paraíso, pero sin ninguna posibilidad de alcanzar el manubrio ya que él iba atrás.
Arturo, que derrochaba estilo con su copete de James Dean y casi nunca fallaba en lo que hacía, fue a estrellarse con la banqueta de las gemelas raspándose las rodillas, triturándose el ego y quedando como si la casa frente a la que cayó lo hubiera atropellado. Ni les cuento el berrinche que hizo, ni les cuento lo mucho que me reí (de hecho me estoy riendo también ahorita) cada que lo recordaba sentado en la parte trasera de la moto agitando las manos frenéticamente al tiempo que la moto avanzaba haciendo eses por la calle carabelas.
Seguramente el capitán del Titanic me hubiera recriminado por abandonar el barco, pero luego de ver la conclusión de la aventura estoy seguro de que era el momento apropiado para retirarme. Debí avisarte que me iba a bajar Arturo, pero no inventes, que estúpidamente divertido te viste.
Nunca soy el último de las fiestas, no me gusta que los meseros me cambien el pisto a vaso desechable y siempre me retiro antes que los ánimos decaigan.
Tía Bertha, espero humildemente haber podido captar siquiera un poquito de todo lo que tenías para ofrecer, fuiste una excelente profesora hasta el último día y, desde siempre, representas una de esas ramitas muy vistosas en mi frondoso árbol genealógico. En el paraíso faltabas tú, ya se completó la familia Mendoza Uribe, que gocen de una excelente vida eterna y allá nos vemos!!
Por último, cabe aclarar que afortunadamente Arturo todavía vivió para acompañarme en mis aventuras algunos años más. Fueron años muy pero muy felices.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
En un par de ocasiones a lo largo de los cinco días que duró este pequeño puentesillo mencioné que hay que saber retirarse a tiempo, cosa que siempre he dicho, ya que perfila sabrosa es de esas visitantes empedernidas que visita hasta que las indirectas se vuelven claridosas.
continuará...
bueno, les contaba de este asunto. Pues no sé si a mi Tía Bertha le parecería buena idea retirarse de este mundo a los 98. A mí no me pareció bien. Para mí, mi tía Bertha era la viva representación de la profesora por vocación. Era la profesora tal como los profesores deben ser. Era culta, educada, amable y muy inteligente. Voy a extrañar mucho tus "SIIIiiiIIII" y tus pláticas tan ilustrativas sobre cualquier cantidad de temas que tratamos a lo largo de esos domingos soleados entre tanto árbol y teja, donde ahora sólo hay cemento y palmeras. El jardín cambió de dueño, pero sigue siendo un espacio para la formación cultural, ya que como seguramente te habrás enterado antes de irte, nuestra antigua casa es ahora parte de una universidad.
Otro aspecto menos romántico, pero este si, ejemplo mío de lo que para mí es saber retirarse a tiempo, es aquélla vez que me bajé de la moto.
Nunca he sido bueno para manejar motocicleta y en casi todos mis contactos he tenido algún percance. Una vez agarré una de 500 centímetros (moto) y sin saber ni meterle los cambios ya iba en tercera y acelerando, cuando una señora tuvo la idea de cambiar la ruta y dar vuelta súbitamente sin señal direccional. Esa vez nomás grité "Pacoooooo" y Francisco Antonio Díaz Mariscal, que fue mi ángel guardian allá en mis años mozos salió de la nada y me levantó del suelo, enderezó la moto y todos nos fuimos felices y contentos a seguir trabajando, porque esa vez estaba probando motos cuando en realidad debía estar trabajando. Por cierto que creo que Paco se fue de mojado a EU, donde seguramente ha de seguir, y espero que le vaya muy bien porque era una excelente persona.
En otra aventura de moto que recuerdo, mi primo Jorge manejaba y yo era nomás acompañante, mi primo arrancó dando show a los vecinos y yo hice lo propio dando una maroma hacia atrás, para luego, sin caerme, colgar cabeza abajo y con las piernas hacia atrás... no es fácil explicar, tendrían que haberme visto, pero era algo más o menos así: @ mi primo pensó que me había caido. No fue sino hasta que se detuvo a mirar, que vió que seguía yo "amarrado" a la moto y sin posibilidad de bajarme. Ciertamente dimos show.
Pero bueno... la anécdota motociclística que ilustra el "saber retirarse a tiempo" fue en Ensenada B.C. en mis tiernos 12s calculo yo.
Íbamos en esa ocasión mi primo Arturo (qepd) de pasajero y un servidor al manubrio.
La moto en cuestión era una chispa carabela como de unos 40 c.c. de esas que se prendían pedaleando y no representaban mayor peligro para nadie con más de un dedo de frente, o por lo menos eso pensé yo.
Para pronto me ofrecí a mostrarle a mi primo la ciudad, ya que él nos visitaba de Perfilandia Jalisco, y la moto fue el medio de transporte elegido, ya que era mi única elección.
Abordamos la moto y con las rodillas casi arrastrando arrancamos despidiéndonos de toda la familia que nos observaban en la cochera de los departamentos donde vivía entonces la tío Perfil Rico McPato, en la calle carabelas a un par de cuadras de la unidad deportiva "Sullivan".
la primera cuadra íbamos derecho así que no hubo problemas, pero luego llegamos a una bifurcación a partir de la cuál podíamos pasar a la derecha o izquierda de la entonces casa de las gemelas Ivonne e Ivette, que luego se hicieran famosas cantando canciones infantiles, pero como ya volvieron a su anonimato original no abundo en la explicación. Teniendo entonces la opción de "izquierda ó derecha" y siendo yo siempre siempre muy democrático, le pregunté a Arturo para dónde quería ir, pero Arturo siempre tan adaptable a mis caprichos me dijo "no sé, para donde tú quieras", mientras tanto seguíamos recortando la distancia con la esquina en una situación que en este momento se me antoja muy paralela a lo del Titanic cuando se acercaba al iceberg con el que habría de chocar y hundirse.
"¿izquierda o derecha?"
"¿izquierda o derecha?"
Pues esperé a Arturo tanto como pude pero nomás no decidió, así que en el último segundo tuve que elegir yo el que sería el destino de mi vida en la próxima cuadra así que giré a la derecha, no, mejor a la izquierda, no mejor a... en ese momento la llanta, apenas más gorda que la de una bicicleta, se derrapó, perdiéndo ya el control de la moto. Hice todavía un par de intentos por salvar la situación ya que la moto no era mía, pero no había lucha. Fue entonces donde apliqué mi filosofía de retirarse a tiempo y me bajé.
Si si si. Me bajé. No frené, no nos caímos, no apagué la moto ni nada simplemente me bajé. No sé muy bien cómo fui tan hábil para bajarme de una moto que avanzaba tal vez a unos 20 km por hora, pero la cosa es que me bajé sin molestar a mi primo que iba sentado atrás de mí y por si fuera poco ni siquiera me caí, simplemente me quedé perfectamente parado a media calle, frente a la casa de las gemelas viendo como Arturo se alejaba todavía copiloteando la moto de mi tía Perfila Casi-el-Paraíso, pero sin ninguna posibilidad de alcanzar el manubrio ya que él iba atrás.
Arturo, que derrochaba estilo con su copete de James Dean y casi nunca fallaba en lo que hacía, fue a estrellarse con la banqueta de las gemelas raspándose las rodillas, triturándose el ego y quedando como si la casa frente a la que cayó lo hubiera atropellado. Ni les cuento el berrinche que hizo, ni les cuento lo mucho que me reí (de hecho me estoy riendo también ahorita) cada que lo recordaba sentado en la parte trasera de la moto agitando las manos frenéticamente al tiempo que la moto avanzaba haciendo eses por la calle carabelas.
Seguramente el capitán del Titanic me hubiera recriminado por abandonar el barco, pero luego de ver la conclusión de la aventura estoy seguro de que era el momento apropiado para retirarme. Debí avisarte que me iba a bajar Arturo, pero no inventes, que estúpidamente divertido te viste.
Nunca soy el último de las fiestas, no me gusta que los meseros me cambien el pisto a vaso desechable y siempre me retiro antes que los ánimos decaigan.
Tía Bertha, espero humildemente haber podido captar siquiera un poquito de todo lo que tenías para ofrecer, fuiste una excelente profesora hasta el último día y, desde siempre, representas una de esas ramitas muy vistosas en mi frondoso árbol genealógico. En el paraíso faltabas tú, ya se completó la familia Mendoza Uribe, que gocen de una excelente vida eterna y allá nos vemos!!
Por último, cabe aclarar que afortunadamente Arturo todavía vivió para acompañarme en mis aventuras algunos años más. Fueron años muy pero muy felices.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
viernes, 20 de agosto de 2010
Memorias IV El Federal.
Esta memoria es en realidad muy corta, pero fue clara prueba de que el mundo es muy pequeño.
En mis años de universitario (los primeros, porque tuve como diez), asistía mucho al departamento que rentaban el negro, chava y gangoitti, en donde solíamos compartir las tardes y las noches, y a veces fines de semana enteros.
Como buenos estudiantes (malos debería decir) no respetábamos calendario ni hora, así que no era raro estar hablando casi a gritos un martes a las 2 de la mañana. Como para mala suerte de los vecinos el departamento tenía patio interior, por ahí se colaban todos nuestros improperios al resto del edificio.
Sabíamos que el vecino de arriba era policía federal de caminos pero eso no aumento ni poquito el respeto que sentíamos por él, así que muy seguido tenía que asomarse y pedir que nos calláramos.
En algún momento salimos de viaje por algunas vacaciones y ya de regreso, como siempre sin un centavo y muy tarde, veníamos por la carretera libre y para acabarla de amolar, sin luces traseras.
Todavía algo lejos de llegar se encienden una torretas detrás de nosotros, acompañadas de la indicación de detenernos. Ya muy compungidos nos bajamos del carro al igual que el oficial, quien al ir apenas terminando su regaño por la falta de luces empezó a poner los ojos muy grandes, al tiempo que nosotros a coro lo saludábamos ¡¡¡¡vecinoooo!!!!
Pobre tipo, todavía después de que no lo dejábamos dormir, nos encontró faltando a la ley, y aun con todo, se ofreció a escoltarnos hasta la ciudad para que no nos fuera a pasar algo.
El mundo es muy pequeño, pero cabe en él mucha gente buena.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
En mis años de universitario (los primeros, porque tuve como diez), asistía mucho al departamento que rentaban el negro, chava y gangoitti, en donde solíamos compartir las tardes y las noches, y a veces fines de semana enteros.
Como buenos estudiantes (malos debería decir) no respetábamos calendario ni hora, así que no era raro estar hablando casi a gritos un martes a las 2 de la mañana. Como para mala suerte de los vecinos el departamento tenía patio interior, por ahí se colaban todos nuestros improperios al resto del edificio.
Sabíamos que el vecino de arriba era policía federal de caminos pero eso no aumento ni poquito el respeto que sentíamos por él, así que muy seguido tenía que asomarse y pedir que nos calláramos.
En algún momento salimos de viaje por algunas vacaciones y ya de regreso, como siempre sin un centavo y muy tarde, veníamos por la carretera libre y para acabarla de amolar, sin luces traseras.
Todavía algo lejos de llegar se encienden una torretas detrás de nosotros, acompañadas de la indicación de detenernos. Ya muy compungidos nos bajamos del carro al igual que el oficial, quien al ir apenas terminando su regaño por la falta de luces empezó a poner los ojos muy grandes, al tiempo que nosotros a coro lo saludábamos ¡¡¡¡vecinoooo!!!!
Pobre tipo, todavía después de que no lo dejábamos dormir, nos encontró faltando a la ley, y aun con todo, se ofreció a escoltarnos hasta la ciudad para que no nos fuera a pasar algo.
El mundo es muy pequeño, pero cabe en él mucha gente buena.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
Memorias III Historias de prisión
Tengo días recordando esta sórdida historia de prisión y no ha habido mucho tiempo para redactar algo pero aquí va un intento que en otro momento puedo completar.
Entre mis muchas historias de playa tengo también algunas historias de prisión. Momentos en que me convertí en infractor de la ley y hube de pagar tras las rejas.
En este caso no fue el clásico Puerto Vallarta sino en otro lugar de la mancha, a donde fui a pasar unos días de esparcimiento juvenil a conocer algunas desconocidas y pasar el tiempo alegremente en espera del regreso a clases.
Nos fuimos en carro, y allá coincidimos con algunos amigos o parientes de uno de mis amigos.
De ahi en adelante no me da ya la memoria para recordar mucho, igual porque no hubo nada memorable hasta que fuimos a cenar unas hamburguesas allá por el rumbo de la laguna de La Mancha.
Recuerdo que la calle era fea, como igual lo era el lugar, que tenía el apropiado nombre de "Hamburguesía", a donde decidimos llegar a calmar el hambre.
La verdad no sé qué estábamos haciendo tan lejos, ya que no recuerdo ni dónde nos hospedábamos, pero bueno. Allá estábamos.
Dentro de toda esa fealdad que nos circundaba, recuerdo a una mesera cuya moderada fealdad bien ha de haberse convertido en belleza dado que traíamos ya puestos algunos embellecedores, mismos que además del mencionado efecto, desinhiben al portador al tiempo que lo vuelven más expresivo.
Recuerdo que ya habíamos terminado nuestra comida (o cena) cuando por ahí alguno de mis acompañantes compartió burdamente la "belleza" de la mesera, por lo que no faltaron los costeños vengadores que saltaron sobre ellos para poner orden y hacer que la honra de la Srita. sobreviviera intacta.
Mis amigos empezaron a salir uno a uno de la Hamburguesía como si los aventara una lavadora en el ciclo de centrifugado, así que llegó el momento en que éramos más afuera que adentro, por lo que decidí que era el momento de ayudar y me metí y le dí un sillazo al primero que ví. Ya sin silla fui blanco fácil para un costeño quien me agarró de costal de box hasta que sal´como los demás dando traspiés de espaldas hasta terminar con un costalazo en mitad del empedrado.
Ya que vimos que los locales eran más aguerridos que nosotros decidimos que era momento de regresar a nuestros autos y buscar donde continuar nuestros festejos vacacionales.
Corrimos al carro de Chava y nos subimos, arrancamos rápido y riéndonos de la aventura, mientras que poco a poco yo empezaba a sentir que estaba más trompudo que antes.
A las pocas cuadras pregunta uno "¿y blablabla dónde está?", o mi Dios, lo dejamos!! ¿y los demás?¿y el otro carro?...
bueno, en nuesrta euforia no notamos que nos faltaba un carro y que además habíamos tenido algunas bajas.
Llegamos al lugar y ya parecía haberse calmado el asunto, así que nos estacionamos y nos bajamos. Un policía se me acercó y me dice "cómo estuvo el asunto", así que ya le dí mi versión y le expliqué como intente disuadirlos de pelear y que les proponía arreglar todo con un chinguaspun.
El representante de la ley no me creyó y me metió de un empujón a su patrulla y me llevó a un edificio muy bonito pero muy escondido que nunca en mis visitas al puerto había yo visto. Tenía una ventanitas muy altas con barrotitos.
A pesar de que la situación no se veía muy fácil, dado que no era yo primerizo en esos asuntos de pasar a saludar a barandilla, me sentóa confiado en que nos iban a decir: "nomás tranquilos y que les vaya bien". Je.
Me llevaron a un cuarto en donde me pidieron que sacara mis cosas y me quitara el cinturón. Luego de eso me llevaron hasta una celda a la que me invitaron a pasar.
Adentro había unas treinta personas, la mayoría más borrachos que yo, aunque menos contentos.
Uno a uno fueron llegando mis amigos y mis no tan amigos, hasta que quedamos completos.
Hay que comentar que en esos tiempos yo padecía una tos muy persistente que me duraba por meses y no se calmaba con nada, así que constantemente tosía.
Nos pusimos a cantar puras canciones con temas "de malo" para que nos tuvieran miedo, así que les recetamos a nuestros co-prisioneros desde los bukis hasta las del chico del suéter pasando por "Pepe el Toro es inocente".
En un momento dado, un preso de alguna otra celda que parecía no disfrutar de su habitación, empezó a gritar "ya callate pinche tuberculosooooo". Yo, con mucha tos y también un gran valor, le menté su madre fluídamente. A cada reclamo al de la tuberculosis le sucedía una mentada, a veces con alguna otra amenaza para que ya se callara y me dejara seguir cantando.
ya en la mañana llegaron unos celadores y uno a uno nos fueron nombrando, hasta que sólo faltaba yo y sobraba uno de su lista. Ya luego recordé que en un acto de inteligencia me puse el nombre del gobernador de Jalisco, así que cuando lo volvieron a nombrar me levanté y salí.
ya íbamos todos muy contentos por un oscuro pasillo cuando el celador se volvió a su derecha y abrió otra celda. Todos nos quedamos de a seis y preguntamos "¿y ahora?, ¿por qué no nos sueltan?"
La celda era amplia y cabíamos bien los siete u ocho recién llegados, con los tres que ya ocupaban el lugar.
Ya encerrados nos enteramos que el otro carro que se nos perdió (con la mitad del contingente) había chocado con otro vehículo en su fuga. Aparentemente el daño al carro no era tan grave como el daño a nuestra suerte. El dueño del otro carro era agente del ministerio público de la ciudad.
Caray, unas hamburguesas caras, una mesera fea con unos compañeros celosos, un choque, un agente del ministerio público... esto no es bueno.
Uy que caray!!! Nos sucedió lo peor que podía pasarnos.
Entonces tosí.
Luego de mi acceso de tos se destapa la cabeza (estaba acostado y cubierto con una cobija) uno de nuestros desconocidos nuevos compañeros me mira y dice "¡eres el pinche tuberculoso!"
Uy que caray!!
Me acababa de acordar de que venían los días santos que a lo mejor me los iba a pasar por primera vez en el bote y ahora resulta que estoy encerrado en una celda con un tipo con quien sabe qué antecedentes al que le estuve mentando la madre toda la noche. Me sucedió lo peor que podría pasarme.
Entonces se presentó.
-mira pinche tuberculoso, yo soy El Muraña, al que le estabas mentando la madre.
A lo que yo, uanque no recuerdo seguramente le habré dicho, "no Murañita, perdóname, es que andaba borracho"
Ya medio descompuesto con el problema que tenía encima y tratando de ser amigos le pregunto:
-¿y por qué estás aquí?
-Por homicidio. Maté a un cabrón con el que tuve un problema.
Uy que caray!!!
Estoy en prisión y no hice nada, tengo ganas de ir al baño, el baño no tiene puerta... ni agua. Tengo muchísima sed y la boca me sabe a cebolla, la fea mesera de la hamburguesía está que no cabe en ella de que unos tipos se pelearon por ella, el carro de mi no-amigo está chocado, el del agente del ministerio público también, voy a pasar semana santa en el bote, canté canciones del Chico del Suéter, me llamo igual que el gobernador de Jalisco, le menté la madre a un desconocido, ese desconocido es El Muraña y tuve un problema con él, él está en prisión por matar a un tipo que tuvo un problema con él. Me sucedió lo peor que podía pasarme.
Ir al baño no fue algo fácil, ya que mi arraigado pudor para esas cosas me frenó hasta que la tripa pudo más. La amistad con el muraña se fue dando con la misma fluidez que mi primera visita al retrete.
Ya en confianza fuimos haciéndonos amigos del "Mura" y de otros dos reclusos que también tenían sus historias, sólo que ellos eran inocentes.
El primero de ellos hablaba como si hubiera comido vidrios y tenía parches en ambos lados de su cuello. A duras penas se daba a entender y con trabajo nos contó que estaba ahí porque lo habían confundido y le habían recetado un balazo en el cuello. No era alguien que impresionara, sino más bien alguien chaparrito, con pelo chino y actitud servicial. Mucho gusto Tragabalas.
El otro tenía una historia menos sencilla, pero era igual de inocente. Una jovencita lo provocó, a lo que el no pudo resistirse y en un auto respondió a sus intenciones. Desafortunadamente la ex-Señorita cambió de opinión y ahora dice "que él la violó". Habrase visto. Mucho gusto Conejo.
Pues ya Salvador, su primo, sus amigos y yo habíamos tendido los primeros lazos de amistad con el Muraña, el Conejo y el Tragabalas.
A lo largo del día resonaban gritos y golpes a través de las paredes de la celda, a los que el Muraña respondía con iguales gritos y amenazas de muerte. Parece que no siempre era bueno para hacer amigos.
Compartimos frijolitos, carne echada a perder, y ya luego que dejaron salir a uno de mis no-amigos que resultó con un pequeño nivel de influencia, empezamos a gozar de unos pocos privilegios mientras que el que había salido arreglaba el problema con la hamburguesía, con el MP y le ofrecía disculpas a la fea por haberle dicho lo contrario, nosotros empezamos a comer pollo, tomar jugo de naranja con vodka y a jugar turista para pasar el rato.
Enseñamos a jugar turista a nuestros nuevos amigos, que quién sabe de dónde serían que no sabían jugarlo, y aun a riesgo de que nos robaran nuestros billetes "de a mentiras" les dimos su bonche y empezamos a jugar.
Cada quien su avión (uno de vodka y uno de plástico) y lanzábamos los dados. Estábamos todos envueltos en nuestras cobijas, compartiendo almohada y muy divertidos juegue y juegue.
Yo la verdad siempre muy malito para cualquier tipo de juego no tenía muchas expectativas de salir victorioso y ganar tal vez el privilegio de no tener que echarle agua al baño o algo así por un día. Pero finalmente en ese momento mi suerte empezó a cambiar y turno tras turno iba yo compre y compre estados, al grado de ser ya yo un magnate en cautiverio. Ya era yo dueño de medio país y algunos establecimientos, así que cobraba cuotas a los que tenían la mala suerte de caer en mi imperio.
El Muraña por su parte, hacía sus compras muy organizado y ya tenía a Sinaloa y Jalisco, que junto con Sonora eran los tres estados con las mejores cuotas por derecho de paso.
En eso, lanzo yo los dados y ya enrachado caigo en Sonora!!
Saco mis billetes y "compro Sonora!!"
El Muraña se levanta aventando la cobija y desacomodando los avioncitos y echándome ojos de pistola me grita "si compras Sonora te mato cabrón!!!"
Uy que caray!!!
A toda la letanía anterior de desventuras ahora hay que agregarle que estoy en prisión, como el caballo blanco con el hocico sngrante (e hinchado), con ganas de ir al baño de nuevo, sin puerta, sin agua y sin papel, borracho con una mezcla de jugo de naranja con vodka de contrabando, me sigo llamando como el gobernador (que a la postre renunció a su cargo por corrupción), no tengo dinero de verdad para pagar mi multa pero tengo miles en billetes de turista, acabo de faltarle el respeto a mi compañero de celda, encerrado por matar a alguien con quien tuvo un problema, cuando ya estaba medio sentidito conmigo porque le menté la madre toda la noche, y ahora resulta que lo ofendo por segunda vez queriendo comprar Sonora. Me sucedió lo peor que podría pasarme.
No recuerdo mucho más allá de que no compré Sonora, creo que el juego terminó pronto y junto con eso, nuestro no-amigo poco influyente logró solucionar los problemas que nos mantenían adentro y salimos muy contentos por nuestras cosas.
-Cosío Vidaurri, a la reja!!!!
-Presente señor!!!
Agarré todas mis cosas y salí a la fresca tarde porteña. Nunca el centro de La Mancha me pareció tan bonito, con su basura en las banquetas, con sus sexis lugareñas tan curtidas y de piernas tan flacas, con sus puestos de comida a media calle.
Que bonito es La Mancha!!!
Estuvimos algunos días más, tal vez sólo dos, en los que no dejamos de brindar por la libertad y las bondades de nuestras vidas, en las que sólo por mala suerte acabamos conociendo al Muraña, el Conejo y el Tragabalas, quienes compartieron con nosotros sus miserias y con quienes compartimos un poquito de frescura del exterior. Toda la frescura que unos siete u ocho jóvenes medio tarugos y medio borrachos podían compartir al ritmo de "Tu Cárcel".
Saludos pues.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
Entre mis muchas historias de playa tengo también algunas historias de prisión. Momentos en que me convertí en infractor de la ley y hube de pagar tras las rejas.
En este caso no fue el clásico Puerto Vallarta sino en otro lugar de la mancha, a donde fui a pasar unos días de esparcimiento juvenil a conocer algunas desconocidas y pasar el tiempo alegremente en espera del regreso a clases.
Nos fuimos en carro, y allá coincidimos con algunos amigos o parientes de uno de mis amigos.
De ahi en adelante no me da ya la memoria para recordar mucho, igual porque no hubo nada memorable hasta que fuimos a cenar unas hamburguesas allá por el rumbo de la laguna de La Mancha.
Recuerdo que la calle era fea, como igual lo era el lugar, que tenía el apropiado nombre de "Hamburguesía", a donde decidimos llegar a calmar el hambre.
La verdad no sé qué estábamos haciendo tan lejos, ya que no recuerdo ni dónde nos hospedábamos, pero bueno. Allá estábamos.
Dentro de toda esa fealdad que nos circundaba, recuerdo a una mesera cuya moderada fealdad bien ha de haberse convertido en belleza dado que traíamos ya puestos algunos embellecedores, mismos que además del mencionado efecto, desinhiben al portador al tiempo que lo vuelven más expresivo.
Recuerdo que ya habíamos terminado nuestra comida (o cena) cuando por ahí alguno de mis acompañantes compartió burdamente la "belleza" de la mesera, por lo que no faltaron los costeños vengadores que saltaron sobre ellos para poner orden y hacer que la honra de la Srita. sobreviviera intacta.
Mis amigos empezaron a salir uno a uno de la Hamburguesía como si los aventara una lavadora en el ciclo de centrifugado, así que llegó el momento en que éramos más afuera que adentro, por lo que decidí que era el momento de ayudar y me metí y le dí un sillazo al primero que ví. Ya sin silla fui blanco fácil para un costeño quien me agarró de costal de box hasta que sal´como los demás dando traspiés de espaldas hasta terminar con un costalazo en mitad del empedrado.
Ya que vimos que los locales eran más aguerridos que nosotros decidimos que era momento de regresar a nuestros autos y buscar donde continuar nuestros festejos vacacionales.
Corrimos al carro de Chava y nos subimos, arrancamos rápido y riéndonos de la aventura, mientras que poco a poco yo empezaba a sentir que estaba más trompudo que antes.
A las pocas cuadras pregunta uno "¿y blablabla dónde está?", o mi Dios, lo dejamos!! ¿y los demás?¿y el otro carro?...
bueno, en nuesrta euforia no notamos que nos faltaba un carro y que además habíamos tenido algunas bajas.
Llegamos al lugar y ya parecía haberse calmado el asunto, así que nos estacionamos y nos bajamos. Un policía se me acercó y me dice "cómo estuvo el asunto", así que ya le dí mi versión y le expliqué como intente disuadirlos de pelear y que les proponía arreglar todo con un chinguaspun.
El representante de la ley no me creyó y me metió de un empujón a su patrulla y me llevó a un edificio muy bonito pero muy escondido que nunca en mis visitas al puerto había yo visto. Tenía una ventanitas muy altas con barrotitos.
A pesar de que la situación no se veía muy fácil, dado que no era yo primerizo en esos asuntos de pasar a saludar a barandilla, me sentóa confiado en que nos iban a decir: "nomás tranquilos y que les vaya bien". Je.
Me llevaron a un cuarto en donde me pidieron que sacara mis cosas y me quitara el cinturón. Luego de eso me llevaron hasta una celda a la que me invitaron a pasar.
Adentro había unas treinta personas, la mayoría más borrachos que yo, aunque menos contentos.
Uno a uno fueron llegando mis amigos y mis no tan amigos, hasta que quedamos completos.
Hay que comentar que en esos tiempos yo padecía una tos muy persistente que me duraba por meses y no se calmaba con nada, así que constantemente tosía.
Nos pusimos a cantar puras canciones con temas "de malo" para que nos tuvieran miedo, así que les recetamos a nuestros co-prisioneros desde los bukis hasta las del chico del suéter pasando por "Pepe el Toro es inocente".
En un momento dado, un preso de alguna otra celda que parecía no disfrutar de su habitación, empezó a gritar "ya callate pinche tuberculosooooo". Yo, con mucha tos y también un gran valor, le menté su madre fluídamente. A cada reclamo al de la tuberculosis le sucedía una mentada, a veces con alguna otra amenaza para que ya se callara y me dejara seguir cantando.
ya en la mañana llegaron unos celadores y uno a uno nos fueron nombrando, hasta que sólo faltaba yo y sobraba uno de su lista. Ya luego recordé que en un acto de inteligencia me puse el nombre del gobernador de Jalisco, así que cuando lo volvieron a nombrar me levanté y salí.
ya íbamos todos muy contentos por un oscuro pasillo cuando el celador se volvió a su derecha y abrió otra celda. Todos nos quedamos de a seis y preguntamos "¿y ahora?, ¿por qué no nos sueltan?"
La celda era amplia y cabíamos bien los siete u ocho recién llegados, con los tres que ya ocupaban el lugar.
Ya encerrados nos enteramos que el otro carro que se nos perdió (con la mitad del contingente) había chocado con otro vehículo en su fuga. Aparentemente el daño al carro no era tan grave como el daño a nuestra suerte. El dueño del otro carro era agente del ministerio público de la ciudad.
Caray, unas hamburguesas caras, una mesera fea con unos compañeros celosos, un choque, un agente del ministerio público... esto no es bueno.
Uy que caray!!! Nos sucedió lo peor que podía pasarnos.
Entonces tosí.
Luego de mi acceso de tos se destapa la cabeza (estaba acostado y cubierto con una cobija) uno de nuestros desconocidos nuevos compañeros me mira y dice "¡eres el pinche tuberculoso!"
Uy que caray!!
Me acababa de acordar de que venían los días santos que a lo mejor me los iba a pasar por primera vez en el bote y ahora resulta que estoy encerrado en una celda con un tipo con quien sabe qué antecedentes al que le estuve mentando la madre toda la noche. Me sucedió lo peor que podría pasarme.
Entonces se presentó.
-mira pinche tuberculoso, yo soy El Muraña, al que le estabas mentando la madre.
A lo que yo, uanque no recuerdo seguramente le habré dicho, "no Murañita, perdóname, es que andaba borracho"
Ya medio descompuesto con el problema que tenía encima y tratando de ser amigos le pregunto:
-¿y por qué estás aquí?
-Por homicidio. Maté a un cabrón con el que tuve un problema.
Uy que caray!!!
Estoy en prisión y no hice nada, tengo ganas de ir al baño, el baño no tiene puerta... ni agua. Tengo muchísima sed y la boca me sabe a cebolla, la fea mesera de la hamburguesía está que no cabe en ella de que unos tipos se pelearon por ella, el carro de mi no-amigo está chocado, el del agente del ministerio público también, voy a pasar semana santa en el bote, canté canciones del Chico del Suéter, me llamo igual que el gobernador de Jalisco, le menté la madre a un desconocido, ese desconocido es El Muraña y tuve un problema con él, él está en prisión por matar a un tipo que tuvo un problema con él. Me sucedió lo peor que podía pasarme.
Ir al baño no fue algo fácil, ya que mi arraigado pudor para esas cosas me frenó hasta que la tripa pudo más. La amistad con el muraña se fue dando con la misma fluidez que mi primera visita al retrete.
Ya en confianza fuimos haciéndonos amigos del "Mura" y de otros dos reclusos que también tenían sus historias, sólo que ellos eran inocentes.
El primero de ellos hablaba como si hubiera comido vidrios y tenía parches en ambos lados de su cuello. A duras penas se daba a entender y con trabajo nos contó que estaba ahí porque lo habían confundido y le habían recetado un balazo en el cuello. No era alguien que impresionara, sino más bien alguien chaparrito, con pelo chino y actitud servicial. Mucho gusto Tragabalas.
El otro tenía una historia menos sencilla, pero era igual de inocente. Una jovencita lo provocó, a lo que el no pudo resistirse y en un auto respondió a sus intenciones. Desafortunadamente la ex-Señorita cambió de opinión y ahora dice "que él la violó". Habrase visto. Mucho gusto Conejo.
Pues ya Salvador, su primo, sus amigos y yo habíamos tendido los primeros lazos de amistad con el Muraña, el Conejo y el Tragabalas.
A lo largo del día resonaban gritos y golpes a través de las paredes de la celda, a los que el Muraña respondía con iguales gritos y amenazas de muerte. Parece que no siempre era bueno para hacer amigos.
Compartimos frijolitos, carne echada a perder, y ya luego que dejaron salir a uno de mis no-amigos que resultó con un pequeño nivel de influencia, empezamos a gozar de unos pocos privilegios mientras que el que había salido arreglaba el problema con la hamburguesía, con el MP y le ofrecía disculpas a la fea por haberle dicho lo contrario, nosotros empezamos a comer pollo, tomar jugo de naranja con vodka y a jugar turista para pasar el rato.
Enseñamos a jugar turista a nuestros nuevos amigos, que quién sabe de dónde serían que no sabían jugarlo, y aun a riesgo de que nos robaran nuestros billetes "de a mentiras" les dimos su bonche y empezamos a jugar.
Cada quien su avión (uno de vodka y uno de plástico) y lanzábamos los dados. Estábamos todos envueltos en nuestras cobijas, compartiendo almohada y muy divertidos juegue y juegue.
Yo la verdad siempre muy malito para cualquier tipo de juego no tenía muchas expectativas de salir victorioso y ganar tal vez el privilegio de no tener que echarle agua al baño o algo así por un día. Pero finalmente en ese momento mi suerte empezó a cambiar y turno tras turno iba yo compre y compre estados, al grado de ser ya yo un magnate en cautiverio. Ya era yo dueño de medio país y algunos establecimientos, así que cobraba cuotas a los que tenían la mala suerte de caer en mi imperio.
El Muraña por su parte, hacía sus compras muy organizado y ya tenía a Sinaloa y Jalisco, que junto con Sonora eran los tres estados con las mejores cuotas por derecho de paso.
En eso, lanzo yo los dados y ya enrachado caigo en Sonora!!
Saco mis billetes y "compro Sonora!!"
El Muraña se levanta aventando la cobija y desacomodando los avioncitos y echándome ojos de pistola me grita "si compras Sonora te mato cabrón!!!"
Uy que caray!!!
A toda la letanía anterior de desventuras ahora hay que agregarle que estoy en prisión, como el caballo blanco con el hocico sngrante (e hinchado), con ganas de ir al baño de nuevo, sin puerta, sin agua y sin papel, borracho con una mezcla de jugo de naranja con vodka de contrabando, me sigo llamando como el gobernador (que a la postre renunció a su cargo por corrupción), no tengo dinero de verdad para pagar mi multa pero tengo miles en billetes de turista, acabo de faltarle el respeto a mi compañero de celda, encerrado por matar a alguien con quien tuvo un problema, cuando ya estaba medio sentidito conmigo porque le menté la madre toda la noche, y ahora resulta que lo ofendo por segunda vez queriendo comprar Sonora. Me sucedió lo peor que podría pasarme.
No recuerdo mucho más allá de que no compré Sonora, creo que el juego terminó pronto y junto con eso, nuestro no-amigo poco influyente logró solucionar los problemas que nos mantenían adentro y salimos muy contentos por nuestras cosas.
-Cosío Vidaurri, a la reja!!!!
-Presente señor!!!
Agarré todas mis cosas y salí a la fresca tarde porteña. Nunca el centro de La Mancha me pareció tan bonito, con su basura en las banquetas, con sus sexis lugareñas tan curtidas y de piernas tan flacas, con sus puestos de comida a media calle.
Que bonito es La Mancha!!!
Estuvimos algunos días más, tal vez sólo dos, en los que no dejamos de brindar por la libertad y las bondades de nuestras vidas, en las que sólo por mala suerte acabamos conociendo al Muraña, el Conejo y el Tragabalas, quienes compartieron con nosotros sus miserias y con quienes compartimos un poquito de frescura del exterior. Toda la frescura que unos siete u ocho jóvenes medio tarugos y medio borrachos podían compartir al ritmo de "Tu Cárcel".
Saludos pues.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
martes, 20 de julio de 2010
Memorias II: Belleza etérea
Recuerdo muy bien el qué, aunque no recuerdo el cómo, y casi casi tampoco el cuándo:
Habíamos pasado algunos días en Puerto Vallarta, pero este fue otro viaje, porque recuerdo que nos trasladábamos en el carro de Pedro. El buen Chava formaba parte de la comitiva y creo que éramos sólo tres.
La noche previa había sido fabulosa: habíamos conocido a unas mujeres preciosas, buenas para bailar y perdidamente enamoradas de nosotros. Esa noche como cosa rara Chava nos abandonó.
Recuerdo que bailamos sin parar por horas en el Hard Rock, brindamos, hicimos coreografías, caminamos por la playa y bueno... todo muy bonito. Una excelente historia para compartir, de modo que al día siguiente fue el tema del desayuno, usando frases como "¡noooo gûeeeeey, eran unos viejooooones!" "¿¡te acuerdas cómo bailaba la mía!?" "¡Estaban chisíiiisimas!"
Bueno, la envidia del ausente era de las buenas. Quién le manda andarse yendo y dejar lo mejor para los demás.
Salimos de donde desayunábamos y recuerdo que tomamos la avenida principal, íbamos muy lento, ya que delante de nosotros circulaba un camión de tres toneladas, en cuya parte trasera viajaban unas desafortunadas pasajeras de muy mal ver, en shorts hechos con algún pantalón viejo cortado a tijera y blusitas que no daban para tapar el ombligo en esas panzas asoleadas al más puro estilo parachutero. No había a cuál irle, en un concurso de feas las descalificaban por feas.
Dice entonces Chava "¿qué traen estas morras?, ¿están saludando?, ¿son sus viejas de anoche?"
Pedro y yo nos volteamos a ver con los ojos muy grandes...
NOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!
Perfil amor ciego.
Epílogo.
Años después pude saludar a una de las feas en una plaza comercial de mi ciudad, cuando un amigo y excliente de muchos años atrás me presentó a su esposa, quien sólo atinó a regalarme una sonrisa resplandeciente.
¡¡Hola, mucho gusto señora!!
Habíamos pasado algunos días en Puerto Vallarta, pero este fue otro viaje, porque recuerdo que nos trasladábamos en el carro de Pedro. El buen Chava formaba parte de la comitiva y creo que éramos sólo tres.
La noche previa había sido fabulosa: habíamos conocido a unas mujeres preciosas, buenas para bailar y perdidamente enamoradas de nosotros. Esa noche como cosa rara Chava nos abandonó.
Recuerdo que bailamos sin parar por horas en el Hard Rock, brindamos, hicimos coreografías, caminamos por la playa y bueno... todo muy bonito. Una excelente historia para compartir, de modo que al día siguiente fue el tema del desayuno, usando frases como "¡noooo gûeeeeey, eran unos viejooooones!" "¿¡te acuerdas cómo bailaba la mía!?" "¡Estaban chisíiiisimas!"
Bueno, la envidia del ausente era de las buenas. Quién le manda andarse yendo y dejar lo mejor para los demás.
Salimos de donde desayunábamos y recuerdo que tomamos la avenida principal, íbamos muy lento, ya que delante de nosotros circulaba un camión de tres toneladas, en cuya parte trasera viajaban unas desafortunadas pasajeras de muy mal ver, en shorts hechos con algún pantalón viejo cortado a tijera y blusitas que no daban para tapar el ombligo en esas panzas asoleadas al más puro estilo parachutero. No había a cuál irle, en un concurso de feas las descalificaban por feas.
Dice entonces Chava "¿qué traen estas morras?, ¿están saludando?, ¿son sus viejas de anoche?"
Pedro y yo nos volteamos a ver con los ojos muy grandes...
NOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!
Perfil amor ciego.
Epílogo.
Años después pude saludar a una de las feas en una plaza comercial de mi ciudad, cuando un amigo y excliente de muchos años atrás me presentó a su esposa, quien sólo atinó a regalarme una sonrisa resplandeciente.
¡¡Hola, mucho gusto señora!!
Memorias I: El loco de anoche
Justo ahorita me acabo de acordar de una de esas memorias de allá hace muchos años. No recuerdo ni bien cuándo, pero estaba yo en el paradisiaco Puerto Vallarta.
Eran mis tiempos de universitario y nos habíamos ido con unos pocos pesos a pasar algunos días viendo muchachas guapas y tomando cervezas.
Era la primera noche en nuestro trailer park y salimos muy temprano ya listos para ir de fiesta al entonces incomparable y ahora extinto Carlos and Charlies, donde estuvimos bebiendo vasos y vasos de algo color verde fluorecente.
Cada quien buscaba su propia "novia por un día" para bailar y disfrutar a tope de la velada tipo spring break, de modo que nomás nos saludábamos al vernos pasar, y si no íbamos solos, claro que mirábamos con ojo crítico a la conquista.
Pues resulta que el buen Chava, mi amigo Chava Martínez conoció a alguien que le llenó el ojo y para pronto decidió que la fiesta ahí había terminado. Lo que no hizo fue avisarme. De modo que al rato andaba yo rebotando de felicidad ignorante de que no tenía forma de volver a mi hogar temporal, y lo más probable... ni dinero.
Recuerdo haberme cansado de buscarlo con mi cubeta de cervezas, hasta que las cervezas se acabaron.
Ya a alguna hora decidí declararme abandonado y salí a buscar el modo de volver a... a... ¿a dónde? Padre Santo ¿dónde está el trailer park? nunca me fijé. Yo no iba manejando y nunca me fijé dónde era, así que ahora había que agregarle a la falta de dinero, la falta de destino.
Salí a caminar sin rumbo y recuerdo que al platicar con unos amigos (¿tenía amigos en Puerto Vallarta? eeeeh, da igual) me invitaron a cenar, en lo que mi amigo regresaba a buscarme. Cenamos tacos en una esquina y mi amigo nunca volvió. Yo creo que mis nuevos amigos se cansaron de no poder cortarme y decidieron invitarme a su bungalow, donde seguimos departiendo y bailando hasta que me dormí.
Ya en la mañana muy apenado me levanté, y sin que nadie me viera puse pies en polvorosa para no tener que dar explicaciones ni a mis amigos ni a mí.
De alguna forma tan misteriosa como mi olvido, me llegó el recuerdo de cómo llegar a mi alojamiento original, así que caminé y caminé hasta que encontré a Chava dormido en nuestra casa de acampar y muy acolchado en mi ropa de cama.
Claro que le reclamé y claro que me pidió comprensión. Le dije que ahí moría el tema, pero que la próxima noche las llaves del carro me las quedaría yo para que no me volviera a suceder algo así.
Pasamos el día en las playas, viendo bikinis y tomando espirituosas hasta que llegó la noche y con ella, la hora de relevar actividad. De modo que muy bañados y perfumados, nos fuimos de antro.
Esa noche tuve el gusto de constatar la presencia de Chava por aquí y por allá en el bar, cosa que me daba mucha tranquilidad. Además tenía yo la seguridad de que si se iba tendría que hacerlo caminando, pues yo traía las llaves de su carro.
Resulta que tanta tranquilidad no me vino bien, porque ya enfiestado, me sentí aburrido ahí y me dieron ganas de cambiar de aires, así que tome mis llaves, caminé a mi carro y me cambié de bar. Así feliz y celebrante transcurrió mi noche y madrugada, hasta que me ganó el cansancio y tuve que ir a dormir.
Tomé el camino de regreso, aparqué mi carro y toqué la puerta... mmmm... la casa de campaña no tenía puerta. Algo no va bien aquí.
Alguien con voz somnolienta pregunta "¿quiéeeeen?", "Enrique" contesto. Una segunda voz más a lo lejos pregunta "¿quién es?" a lo que la voz detrás de la puerta contesta "es el loco de anoche".
"Abrele", remató.
Pues como ya no había fiesta y estábamos todo muy cansados me dormí inmediatamente en la sala.
Muy temprano y con la misma prisa del día anterior, salí en sigilo y huí, con el nuevo recuerdo misterioso de dónde realmente me alojaba yo.
Recuerdo que algunas cosas me reclamó Chava, no tengo idea de cómo me justifiqué pero seguramente le habré dicho que el empezó. El carro era de él, pero eso es lo de menos.
Nunca es tarde para un agradecimiento: amigos del bunlgalow en la dimensión desconocida, muchas gracias por darme asilo, comida y bebida. Sóis grandes.
Salud!!!
Perfil memoria volátil.
Eran mis tiempos de universitario y nos habíamos ido con unos pocos pesos a pasar algunos días viendo muchachas guapas y tomando cervezas.
Era la primera noche en nuestro trailer park y salimos muy temprano ya listos para ir de fiesta al entonces incomparable y ahora extinto Carlos and Charlies, donde estuvimos bebiendo vasos y vasos de algo color verde fluorecente.
Cada quien buscaba su propia "novia por un día" para bailar y disfrutar a tope de la velada tipo spring break, de modo que nomás nos saludábamos al vernos pasar, y si no íbamos solos, claro que mirábamos con ojo crítico a la conquista.
Pues resulta que el buen Chava, mi amigo Chava Martínez conoció a alguien que le llenó el ojo y para pronto decidió que la fiesta ahí había terminado. Lo que no hizo fue avisarme. De modo que al rato andaba yo rebotando de felicidad ignorante de que no tenía forma de volver a mi hogar temporal, y lo más probable... ni dinero.
Recuerdo haberme cansado de buscarlo con mi cubeta de cervezas, hasta que las cervezas se acabaron.
Ya a alguna hora decidí declararme abandonado y salí a buscar el modo de volver a... a... ¿a dónde? Padre Santo ¿dónde está el trailer park? nunca me fijé. Yo no iba manejando y nunca me fijé dónde era, así que ahora había que agregarle a la falta de dinero, la falta de destino.
Salí a caminar sin rumbo y recuerdo que al platicar con unos amigos (¿tenía amigos en Puerto Vallarta? eeeeh, da igual) me invitaron a cenar, en lo que mi amigo regresaba a buscarme. Cenamos tacos en una esquina y mi amigo nunca volvió. Yo creo que mis nuevos amigos se cansaron de no poder cortarme y decidieron invitarme a su bungalow, donde seguimos departiendo y bailando hasta que me dormí.
Ya en la mañana muy apenado me levanté, y sin que nadie me viera puse pies en polvorosa para no tener que dar explicaciones ni a mis amigos ni a mí.
De alguna forma tan misteriosa como mi olvido, me llegó el recuerdo de cómo llegar a mi alojamiento original, así que caminé y caminé hasta que encontré a Chava dormido en nuestra casa de acampar y muy acolchado en mi ropa de cama.
Claro que le reclamé y claro que me pidió comprensión. Le dije que ahí moría el tema, pero que la próxima noche las llaves del carro me las quedaría yo para que no me volviera a suceder algo así.
Pasamos el día en las playas, viendo bikinis y tomando espirituosas hasta que llegó la noche y con ella, la hora de relevar actividad. De modo que muy bañados y perfumados, nos fuimos de antro.
Esa noche tuve el gusto de constatar la presencia de Chava por aquí y por allá en el bar, cosa que me daba mucha tranquilidad. Además tenía yo la seguridad de que si se iba tendría que hacerlo caminando, pues yo traía las llaves de su carro.
Resulta que tanta tranquilidad no me vino bien, porque ya enfiestado, me sentí aburrido ahí y me dieron ganas de cambiar de aires, así que tome mis llaves, caminé a mi carro y me cambié de bar. Así feliz y celebrante transcurrió mi noche y madrugada, hasta que me ganó el cansancio y tuve que ir a dormir.
Tomé el camino de regreso, aparqué mi carro y toqué la puerta... mmmm... la casa de campaña no tenía puerta. Algo no va bien aquí.
Alguien con voz somnolienta pregunta "¿quiéeeeen?", "Enrique" contesto. Una segunda voz más a lo lejos pregunta "¿quién es?" a lo que la voz detrás de la puerta contesta "es el loco de anoche".
"Abrele", remató.
Pues como ya no había fiesta y estábamos todo muy cansados me dormí inmediatamente en la sala.
Muy temprano y con la misma prisa del día anterior, salí en sigilo y huí, con el nuevo recuerdo misterioso de dónde realmente me alojaba yo.
Recuerdo que algunas cosas me reclamó Chava, no tengo idea de cómo me justifiqué pero seguramente le habré dicho que el empezó. El carro era de él, pero eso es lo de menos.
Nunca es tarde para un agradecimiento: amigos del bunlgalow en la dimensión desconocida, muchas gracias por darme asilo, comida y bebida. Sóis grandes.
Salud!!!
Perfil memoria volátil.
martes, 6 de julio de 2010
Perfila Sabrosa meets NY... again.
Estamos a 3 días de que Perfila Sabrosa se embarque a NY a encontrarse con Perfilita Canadiense, para luego visitar algunas ciudades como epílogo a su estancia de un año en tierras frías.
Estos días serán diferentes para mí, porque me quedo a cargo de perfilita flamenca, quien a sus nueve años no podría disfrutar ese viaje en su justa dimensión. Ni hablar del dinero que ello representaría.
La flamenca se emociona y autoconvence de que serán unas vacaciones extraordinarias para nosotros, ya que podrá dormir en mi cama e ir conmigo al trabajo. Ni le conté que podría haber ido a Orlando porque los antecedentes indicaban que era todo, menos probable.
Nosotros nos vamos a conformar con ir a practicar deportes en un curso de verano (ella), y yo a lo de diario, que es pasar la mitad de mi vida encerrado en mi oficina sin ventanas.
Sin embargo estoy seguro de que estos días me van a servir para acercarme más a mi hijilla menor y ya encontraré las formas para mantenerla divertida y hacerla sentir especial.
Es sólo por ella que siento un poco de tristeza, ya que se queda sin su mamá por unos días, y pospondrá ese mismo tiempo el reencuentro con su hermanita. En cuanto a mí siempre lo he dicho, el norte no me llama la atención ni tantito. No sé cuando expiró mi última visa si es que tuve más de una y con mi forma de ser no me imagino a un paisa exportado a EU para luego ser enviado de regreso a revisar los "files" de los solicitantes, cuestionándome sobre mi dinero, mi trabajo y los "para qués" que me llevarían a EU.
Como dijo nuestro presidente legítimo "a mí dénme por muerto". No descarto sacar un día mi visa para ir a gastarme lo que no tengo, pero si es que algún día sucede va a tener que esperar.
Por el momento me tendré que conformar con tener solo el resto del mundo para vacacionar.
Perfil Regional.
Estos días serán diferentes para mí, porque me quedo a cargo de perfilita flamenca, quien a sus nueve años no podría disfrutar ese viaje en su justa dimensión. Ni hablar del dinero que ello representaría.
La flamenca se emociona y autoconvence de que serán unas vacaciones extraordinarias para nosotros, ya que podrá dormir en mi cama e ir conmigo al trabajo. Ni le conté que podría haber ido a Orlando porque los antecedentes indicaban que era todo, menos probable.
Nosotros nos vamos a conformar con ir a practicar deportes en un curso de verano (ella), y yo a lo de diario, que es pasar la mitad de mi vida encerrado en mi oficina sin ventanas.
Sin embargo estoy seguro de que estos días me van a servir para acercarme más a mi hijilla menor y ya encontraré las formas para mantenerla divertida y hacerla sentir especial.
Es sólo por ella que siento un poco de tristeza, ya que se queda sin su mamá por unos días, y pospondrá ese mismo tiempo el reencuentro con su hermanita. En cuanto a mí siempre lo he dicho, el norte no me llama la atención ni tantito. No sé cuando expiró mi última visa si es que tuve más de una y con mi forma de ser no me imagino a un paisa exportado a EU para luego ser enviado de regreso a revisar los "files" de los solicitantes, cuestionándome sobre mi dinero, mi trabajo y los "para qués" que me llevarían a EU.
Como dijo nuestro presidente legítimo "a mí dénme por muerto". No descarto sacar un día mi visa para ir a gastarme lo que no tengo, pero si es que algún día sucede va a tener que esperar.
Por el momento me tendré que conformar con tener solo el resto del mundo para vacacionar.
Perfil Regional.
martes, 18 de mayo de 2010
viajar
El tema para los próximos años será viajar. Viajar de cualquier forma, conocer nuevos lugares.
Ese es el tema.
Perfil viajador.
Ese es el tema.
Perfil viajador.
jueves, 15 de abril de 2010
De las playas famosas a las ignotas
Para mí las vacaciones son algo natural. Trabajo para ellas.
Siempre he visto mis periodos vacacionales como los momentos cúspide de mis años. No mido mi tiempo en semanas de vida o de trabajo, sino en días de gozo, y mis vacaciones son de gozo.
Total que debido a que actalmente transito en una de mis etapas ermitañas decidí no salir en Semana Santa, aunque ello no significó tanto así como de plano no pasear. De modo que algunos planecillos locales hicimos, y en uno de esos días me acordé de unos tales "Guachimontones" que de un tiempo acá forman parte del patrimonio arqueológico de Jalisco, así que decidimos ir y conocer.
El otro día le decía a mi esposa, Perfila Sabrosa, que yo debería haber sido una de dos: piloto de carreras o arqueólogo, a lo que ella me contestó que ya me durmiera. Tal vez juzgó mi comentario algo pendejo y desatinado, ya que mi situación económica no permite distraer el presupuesto para andar por el mundo reventando motores, ni para recorrerlo observando piedras de formas antinaturales y haciéndo hipótesis sobre quién jijos habrá tenido la idea de darle esa forma a la piedra, cuándo y por qué. Lo cierto es que como bueno para manejar definitivamente no soy, tal vez lo mejor hubiera sido ser arqueólogo.
Con que facilidad hubiera yo creado una teoría sobre los Guachimontones y con fechas y todo. Actualmente dicen no saber qué cultura creó esos "templos ceremoniales", pero que "en eso andan".
Espero recordar un día hacer algún texto sobre mi teoría de los Guachimontones. Que Dios me dé licencia.
Al fin la Semana Santa pasó, y ni tardo ni perezoso organicé todo para irnos a la playa, ya tenía todo en orden y muy pronto salimos a Puerto Vallarta, pueblito que adoro sin ninguna razón, ya que no tengo memoria de grandes momentos de mi vida o algo por el estilo ahí. Es nomás uno de mis lugares preferidos y por eso lo adoro. Pero ahora que estuvimos ahí me di cuenta que me encanta sólo para ciertas cosas, ya que tiene muy buena vida nocturna, muy buena comida, pero también mucha gente.
Para mi fortuna el hotelito que escogí era de los que no tenían mucha demanda, lo que me permitió disfrutar de la alberca con Perfilita Flamenca, mientras me rodeaban unas pocas señoras de poco estilo y muchas pulgas. Hubo algunos momentos dignos de mencionar que no voy a mencionar, salvo uno:
Estaba yo tirado asoleándome junto a la piscina con mi short jaguayano, peinado de "El Puma" (porque en vacaciones descanso del Gel -gomina-), sin camisa y fingiendo no ver, no estar y casi casi no ser. En eso escucho una nueva amiga de Perfilita que dice "oh, ese señor tan joven, ¿es tu papá?", perfilita dice "si", la inteligente nueva amiguita de perfilita replica "se ve de veintinueve", perfilita corrige "tiene treinta y nueve", la amiguita inteligente remata "se parece al de 'hasta que el dinero nos separe', el que dice estimadísima secretariaaaaa". Ahí como que ya no me gustó y no supe si reclamar o esperar a averiguar.
Pues revisando el elenco de la novela no me queda claro quien podría ser yo, ya que por un lado hay unos muy galanes y por otro unos de a tiro muy madreados, la cosa es que ya viendo con calma puedo haberme parecido o a Harry Geithner o a Carlos Bonavides. Voy a dejarlo así y que cada quien juzgue, aunque tengo mis pistas.
Ya mas adelante en los días de vacación y recreación, propuse ir a una playa secreta, donde pudieramos pasar un día agradable nadando, jugando en la arena sin tener que soportar miradas indiscretas y cualquieras a nuestro alrrededor. De modo que conseguí información privilegiada y después de buscar un poco, batallar un mucho para estacionar al francés, tomamos nuestros artilugios, hielera y demás tiliches y a caminar.
Hubo muchos escalones, letreros de "no hay baño" y sirenas con pies cambiandose a medio camino en las escaleras. Eso me daba señas de que mi secretoa había sido descubierto. Mi edén privado estaba un poco lleno, y no de "gente bonita" como me dijo la concierge para ganarme: "no vaya a donde va la gente de esa que no queremos ver, lo voy a mandar a una playa muy sola a donde mandamos sólo a la gente más bonita"
... mmmmmm pendeja!!!
Bueno. Ya estábamos ahí.
Perfilita encantada con sus amigas (también nuevas), Perfila Sabrosa tomando baños de sol, Perfila Eslovaca luciendo belleza y posando para las fotos y su servidor, observando una cantidad respetable de bombones corrientes pero muy apetecibles. Acompañado por unas heladísimas espirituosas con levadura.
Ya al rato, igual que siempre, la tripa de Perfila Sabrosa fue la primera en fallar: "quiero hacer chí".
Mmmmm que caray. Pues a ver cómo le haces porque aquí no hay baño y sospecho que todos estos bonitos lo están haciendo en el mar.
Muy pronto decidió tomar prestada a Perfila Eslovaca y le dijo "vénte, vamos al baño"... ya luego supe que llegaron muy monas fingiendo ser extranjeras (la eslovaca no fingió) y contestando puros disparates cada que el vigilante del cinco estrellas preguntaba "Rooom???" y ellas decían lo mismo que ya habían ensayado y así interminablemente "roooom? - impronunciable roooom? - impronunciable roooom? - impronunciable" hasta que llegó un tipo que seguro las vió que ya se orinaban y le dice al de la puerta "déjenlas pasar que son mis amigas" y ya adentro le pregunta a Sabrosa "¿vienen por algo de tomar? ¿qué toman?" y Sabrosa le dice, no pos nada, venimos al baño.
Lo mío fue menos glamoroso y no tiene caso mencionarlo.
Fue la única ocasión que las pude llevar a la playa porque aunque lo volvi a proponer ya no tuve eco. Todas querían piscina. Fue entonces que pensé que ¿para qué fui al paradisiaco Puerto Vallarta para meterme a una alberca con tantas que hay en Chimulco? y descubrí que lo mío es el ecoturismo. El turismo en lugares a donde nadie va. Sin baño, sin bañarme, sin gente que me vea y sin gente para ver. Con hermosos cuadros pintados por la naturaleza y sin vigilantes en la entrada. Con mar, con arena, con bosque, con río, con chelas y con celular.
Ahora con mi nuevo descubrimiento de lo que realmente me gusta hacer, estoy planeando irme solo a dormir en alguna de esas playas paradisiacas que tiene nuestro bello país en el pacífico para comprobar mi teoría.
Nunca he podido estar solo en ningún lado. Realmente solo. Quiero ver qué se siente, y comprobar si tengo a la mano algún bello lugar para estar solo. Llevarme mi caña de pescar, un arpón, mi escopeta de caza, dos latas de atún, galletas saladas, unos bifes, una parrilla, tres cartones de cerveza, mi ipod y así irme a hablar con el mar y conmigo bien romántico.
¿podré?
Perfil Biodegradable
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