Las cosas que piensa alguien de 50, que siente que se salió del molde, pero que la verdad en el espejo se ve muy normal. Lo escrito simplemente brota de mi cerebro que en algunas partes está como nuevo y en otras francamente atrofiado. Lo he frenado por años porque creo que no lleva a nada, pero luego de tanto, entiendo que publicarlo tampoco lleva a nada. Así que como dice una frase que le oí a Shrek en su traducción al español: "mejor afuera que adentro". Saludos.
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martes, 26 de octubre de 2010
Un día en la vida de Perfil Bajo: Excursión al Volcán Comepueblos.
Después de algunos estira y afloja que siempre acompañan a mis decisiones, decidí agregarme a una ruta jeepera al Volcán Come Pueblos, el objetivo: subir al Volcán Comepueblos. Ningún otro, aunque debo decir que de paso disfruté de hermosos paisajes de bosque y montaña como creo que nunca había visto.
La verdad Arbolandia me sorprendió con su exuberancia y su belleza, es increíble que teniéndolo tan cerca nunca hubiera hecho ni el menor esfuerzo por conocerlo.
Pero bueno, entrando en materia de lo que a mí me gusta contar, les describo a los personajes que participamos en esta aventura:
Perfil Bonachón, quien fue el promotor y principar financiador del paseo.
Perfil filial, hermano de Perfil Bonachón, que no pintó mucho porque casi no habla.
Perfil mundoalterno, que prácticamente nomás despertó para comer o beber.
Perfil sencisho, Argentino radicado en Utopilandia desde hace un par de años.
Y su servidor Perfil Bajo, que la verdad no tiene nada de jeepero, ni de ranchero, ni de espartano pero le encanta participar en este tipo de paseos.
Es sábado y me levanté muy temprano para reportarme con mi característica puntualidad inglesa al lugar de la cita, cosa que hice con mi precisión característica, apareciendo en el horizonte cuando el segundero toca las doce.
Ya me esperaban dos perfiles, así que descargué mis implementos de explorador:
1 tienda de campaña minúscula,
1 mochila con un poco de ropa, talco, desodorante, cepillo dental, etc.
1 atado de bolsa de dormir y cobertor extra,
y mi sombrero especialmente reservado para estas expediciones, que me pone al borde de la ridiculez cada que lo uso, ya que no tiene una circunferencia regular, sino que más bien parece que traigo un pretzel en la cabeza.
Consideré llevar suficiente de casi todo, aunque estuve tentado a regresar por un cobertor extra, ya que si algo me cuesta trabajo soportar es el frío.
Tomamos rumbo a recoger a los dos perfiles faltantes y de ahí al segundo punto de reunión.
En este segundo punto, ya nos esperaban algunos jeeperos, y pronto me hice de un cafetito y listo.
Tradicionales a la puntualidad jeepera salimos como una hora tarde a carretera, en donde para completar el cuadro, comprobé que el jeep se mueve muy bien en la brecha (como pez en el agua), pero pésimamente en el asfalto (como pez en la tierra).
Ahí se empezó a dar a notar nuestro guía, a quien percibí como un tipo con muy buenas intenciones pésimamente traducidas al plano real, ya que se la pasó dando órdenes, perdiendo la caravana por cuanto recoveco pudo y deambulando sin rumbo en cada una de las sincuenta paradas que hicimos. Me cuesta entender por qué nos perdimos tanto siendo que traíamos nuestros navegadores satelitales que son a prueba de mensos. Como ya íbamos un par de horas tarde y fue evidente que el liderazgo de la caravana era una porquería, en algún momento nombré a este singular personaje "nuestro pendejo". Todos necesitamos uno para echarle la culpa y sin duda habría que dar explicaciones a los cuarenta jeeperos que nos esperaban en Ciudad Callecitas
Para retrasar aun mas al contingente, al ir pasando por Casas Gachas un retén policiaco se nos quedó mirando como tratando de asimilar tanto carro feo junto, con tanta gente fea encima. Pareció no engancharse, así que proseguimos el trayecto, pero a los metros nos salieron como de la nada tres representantes de la ley que para pronto bajaron de su patrulla y nos encañonaron con sus mosquetones de fierro y palo, que casi podría jurar les queda el puro palo. Se acerca el que alguien me dijo sería el jefe, aunque para ser honestos yo pensé que era el abuelito, porque se veía ya como jubilado dos veces... pero bueno, se acercó y preguntó a nuestro pendejo sobre la razón de nuestro viaje, ya entre ellos estuvieron tratando y luego de vernos a todos y anotar algunas matrículas nos dejaron continuar. No me queda muy claro por qué nos pararían, ya que aunque era un convoy de nueve autos, la verdad quedaba muy claro qué tipo de gente éramos. La mafia no se traslada en jeeps a un metro del suelo a donde uno no se puede ni subir, con cráneos con lucecitas rojas en las cuencas de los ojos acomodados en las ruedas de repuesto, cajuelas llenas de sandwiches y sombreros ridículos. Viéndonos de lejos más bien podríamos parecer el elenco de Don Juan Tenorio o algo así.
Hicimos un mundo de horas a Ciudad Callecitas, donde nos agregamos a un enorme contingente jeepero en donde figuraban representantes de muy buena parte de mi país: Utopílandia. Asistimos gente de por lo menos cinco provincias y era divertido escuchar los distintos acentos, destacando como siempre el de los representantes de Ciudad Monstruo que decían "chingáaaa manitooo" y eran casi tantos como nosotros.
Algo que agregar al tema de la torpeza del jeep en el asfalto es que se descomponen con solo mirarlos, ya que cuando no era uno era otro el que presentaba algún achaque.
Pues salimos de nuestro tercer punto de encuentro cargados con bastante comida y una provisión de cerveza como para atender a 33 mineros durante un partido de fútbol. Perfil Filial y Perfil Mundoalterno estaban bastante preoupados por el tema de la autonomía espirituosa, así que en cuanto fue posible, aumentaron la reserva para completar lo necesario para dos partidos de fútbol.
Abastecidos y ya en caravana compacta, con líder y barredora (automóvil que recoge a los descompuestos, que curiosamente no era marca jeep) arrancamos hacia el Volcán Comepueblos.
En otro momento que coincida en esta sintonía continuo el relato...
Pues bien. ya incorporados en una gran caravana que se alargaba por kilómetros, fuimos adentrándonos en el "Parque Nacional del Pico un día sí y un día no", atravesando hermosas postales a diestra y siniestra, hasta concluir nuestra ruta en un lecho de río donde los jeeperos dieron vuelo a sus ansias de romper sus carros.
Ahí nos alcanzó la noche, y junto con ella nos alcanzó ya a todos un hambre maldita que a mí me tenía de pésimo humor. La oscuridad dificultaba mucho la caminata por el oscuro bosque ya que había muchas ramas y troncos en el suelo, muchas arañas en enredaderas tejidas de un árbol a otro y muy poca luz con que auxiliarse, ya que mi única lámpara la regalé a un paisano de El Carrizal de los Ruiz para salir por la noche. Quise hacer un video al estilo de la bruja de blair, hablando y grabando mientras caminaba por el bosque en total negrura pero me caí y ahí suspendí el rodaje y continué apretándole los botones a mi móvil al tiempo que lo pegaba al suelo para ver por dónde pisaba. Fue divertido, y más porque como otras veces ya todos gritaban "Perfil Bajooooo, Perfil Bajoooo dónde estáaaaas".
Después de algunos minutos para nosotros, que seguramente fueron horas para algunos otros nos integramos al final de la línea, para ahora sí dirigirnos al lugar de la acampada, a donde llegamos en la misma oscuridad a instalarnos en nuestras respectivas tiendas de campaña.
Ya teníamos toda una estrategia para hacernos del mejor lugar para las tiendas, de la mejor parrilla para nuestra cena y salimos corriendo al bajar del auto.
Perfil Sencishito tenía la comisión de encontrar una parrilla, tarea que realizó impecablemente, aunque desafortunadamente no logramos encontrarlo y no fue sino hasta que el campamento estaba totalmente armado y el fuego encendido que nos enteramos que se estaba muriendo de hipotermia en el otro extremo del parque cuidando una parrilla y espantando enamorados ansiosos de apagar su sed de amor en un rincón oscuro.
Perfil Bonachón, fiel a su forma de ser, empezó a preparar el fuego, coordinó las tareas de armado de tiendas y pensó las mejores técnicas de improvisación para suplir una parrilla, generar luz, calentar agua, etc.
Yo armé mi tienda en treinta segundos, los primeros veinte para sacarla de la bolsita, los últimos diez para dejarla caer en el pasto. Es una de las grandes virtudes de una tiendita pequeñita. Ya adentro comprobé que aunque es muy pequeña por fuera es bastante amplia por dentro. Es curioso, no se cómo podría ser eso. A partir de ese momento dí en llamarle el Castillo Rosnovski, en honor a Wladek Koskiewicz, rebautizado como Abel Rosnovski cuando el Barón del mismo nombre le heredó su castillo y fortuna. ¡Qué bonito mi castillo!
Ya en el interior de mi loft de 1.40 x 1.40 m. me dispuse a acomodar mis pertrechos, me dio gusto que hasta lugar me sobró, con la gran ventaja de que entonces podría dormir adentro.
Salí a la parrilla para ver que las quesadillas, cortes finos y salchichas chisporroteaban alegremente, mientras que Perfil Senisho y Perfil Mundoalterno rebotaban también alegremente debido a su agente hidratante.
Comimos como gente grande (yo como Barón), y luego de eso dimos por concluido el día.
Hubo algunas negociaciones para repartir los espacios para dormir, mismas en las que yo no participé porque el acceso a mi castillo se restringe a los plebeyos.
Luego de analizar la situación de los ronquidos y los parentescos (que la verdad el segundo era el criterio lógico para decidir), Sencisho durmió con Mundoalterno. Toda la noche fue un concierto de ronquidos que resonaban a lo largo del campamento incluso más fuerte que cualquier coyote.
Ya instalado en la fortaleza, me di cuenta de que sólo cabía acostado en diagonal, loq ue para mí es un problema porque soy un obsesionado de la simetría, con todo y eso, dormir en angulo recto a alguna pared no fue opción. Me puse todos mis suéteres, me metí en la bolsa de dormir y me tapé encima con un cobertor. Si me tapaba la cabeza se me destapaban los pies y viceversa, escogí tapar los pies, pero a la hora de por fin querer dormir me quedaba la cabeza colgada como de pajarito muerto... no llevé almohada. Me puse la mochila como tal y quedaba medio sentado, me puse un zapato y olia a rayos, de modo que tuve que quitarme un suéter y hacerlo bolita. Ya con eso pude dormir un rato, hasta que empecé a sentir un frío mortal, y es que como mis pies tocaban la pared del castillo por ahí empezó a meterse todo el sereno, que fue luego absorbido por toda mi bolsa de dormir. Qué bien, excelentes propiedades absorbentes de mi bolsa de dormir.
Mañana podré ver las ruinas de Templo Comido y subiré al Volcán Comepueblos, soy el rey del mundo... oigo el ladrido de los coyotes, ¿los coyotes ladran? no sé, podrían ser aullidos... oigo un monstruo, alguien gruñe, no lo sé, creo que Mundoalterno ronca ¿quién podría saberlo? ¿todos tendrán tanto frío como yo? yo no soy espartano, soy comodino, los nobles somos comodinos. Malditos coyotes... mi castillo... buenas noches.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
viernes, 20 de agosto de 2010
Memorias IV El Federal.
Esta memoria es en realidad muy corta, pero fue clara prueba de que el mundo es muy pequeño.
En mis años de universitario (los primeros, porque tuve como diez), asistía mucho al departamento que rentaban el negro, chava y gangoitti, en donde solíamos compartir las tardes y las noches, y a veces fines de semana enteros.
Como buenos estudiantes (malos debería decir) no respetábamos calendario ni hora, así que no era raro estar hablando casi a gritos un martes a las 2 de la mañana. Como para mala suerte de los vecinos el departamento tenía patio interior, por ahí se colaban todos nuestros improperios al resto del edificio.
Sabíamos que el vecino de arriba era policía federal de caminos pero eso no aumento ni poquito el respeto que sentíamos por él, así que muy seguido tenía que asomarse y pedir que nos calláramos.
En algún momento salimos de viaje por algunas vacaciones y ya de regreso, como siempre sin un centavo y muy tarde, veníamos por la carretera libre y para acabarla de amolar, sin luces traseras.
Todavía algo lejos de llegar se encienden una torretas detrás de nosotros, acompañadas de la indicación de detenernos. Ya muy compungidos nos bajamos del carro al igual que el oficial, quien al ir apenas terminando su regaño por la falta de luces empezó a poner los ojos muy grandes, al tiempo que nosotros a coro lo saludábamos ¡¡¡¡vecinoooo!!!!
Pobre tipo, todavía después de que no lo dejábamos dormir, nos encontró faltando a la ley, y aun con todo, se ofreció a escoltarnos hasta la ciudad para que no nos fuera a pasar algo.
El mundo es muy pequeño, pero cabe en él mucha gente buena.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
En mis años de universitario (los primeros, porque tuve como diez), asistía mucho al departamento que rentaban el negro, chava y gangoitti, en donde solíamos compartir las tardes y las noches, y a veces fines de semana enteros.
Como buenos estudiantes (malos debería decir) no respetábamos calendario ni hora, así que no era raro estar hablando casi a gritos un martes a las 2 de la mañana. Como para mala suerte de los vecinos el departamento tenía patio interior, por ahí se colaban todos nuestros improperios al resto del edificio.
Sabíamos que el vecino de arriba era policía federal de caminos pero eso no aumento ni poquito el respeto que sentíamos por él, así que muy seguido tenía que asomarse y pedir que nos calláramos.
En algún momento salimos de viaje por algunas vacaciones y ya de regreso, como siempre sin un centavo y muy tarde, veníamos por la carretera libre y para acabarla de amolar, sin luces traseras.
Todavía algo lejos de llegar se encienden una torretas detrás de nosotros, acompañadas de la indicación de detenernos. Ya muy compungidos nos bajamos del carro al igual que el oficial, quien al ir apenas terminando su regaño por la falta de luces empezó a poner los ojos muy grandes, al tiempo que nosotros a coro lo saludábamos ¡¡¡¡vecinoooo!!!!
Pobre tipo, todavía después de que no lo dejábamos dormir, nos encontró faltando a la ley, y aun con todo, se ofreció a escoltarnos hasta la ciudad para que no nos fuera a pasar algo.
El mundo es muy pequeño, pero cabe en él mucha gente buena.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
Memorias III Historias de prisión
Tengo días recordando esta sórdida historia de prisión y no ha habido mucho tiempo para redactar algo pero aquí va un intento que en otro momento puedo completar.
Entre mis muchas historias de playa tengo también algunas historias de prisión. Momentos en que me convertí en infractor de la ley y hube de pagar tras las rejas.
En este caso no fue el clásico Puerto Vallarta sino en otro lugar de la mancha, a donde fui a pasar unos días de esparcimiento juvenil a conocer algunas desconocidas y pasar el tiempo alegremente en espera del regreso a clases.
Nos fuimos en carro, y allá coincidimos con algunos amigos o parientes de uno de mis amigos.
De ahi en adelante no me da ya la memoria para recordar mucho, igual porque no hubo nada memorable hasta que fuimos a cenar unas hamburguesas allá por el rumbo de la laguna de La Mancha.
Recuerdo que la calle era fea, como igual lo era el lugar, que tenía el apropiado nombre de "Hamburguesía", a donde decidimos llegar a calmar el hambre.
La verdad no sé qué estábamos haciendo tan lejos, ya que no recuerdo ni dónde nos hospedábamos, pero bueno. Allá estábamos.
Dentro de toda esa fealdad que nos circundaba, recuerdo a una mesera cuya moderada fealdad bien ha de haberse convertido en belleza dado que traíamos ya puestos algunos embellecedores, mismos que además del mencionado efecto, desinhiben al portador al tiempo que lo vuelven más expresivo.
Recuerdo que ya habíamos terminado nuestra comida (o cena) cuando por ahí alguno de mis acompañantes compartió burdamente la "belleza" de la mesera, por lo que no faltaron los costeños vengadores que saltaron sobre ellos para poner orden y hacer que la honra de la Srita. sobreviviera intacta.
Mis amigos empezaron a salir uno a uno de la Hamburguesía como si los aventara una lavadora en el ciclo de centrifugado, así que llegó el momento en que éramos más afuera que adentro, por lo que decidí que era el momento de ayudar y me metí y le dí un sillazo al primero que ví. Ya sin silla fui blanco fácil para un costeño quien me agarró de costal de box hasta que sal´como los demás dando traspiés de espaldas hasta terminar con un costalazo en mitad del empedrado.
Ya que vimos que los locales eran más aguerridos que nosotros decidimos que era momento de regresar a nuestros autos y buscar donde continuar nuestros festejos vacacionales.
Corrimos al carro de Chava y nos subimos, arrancamos rápido y riéndonos de la aventura, mientras que poco a poco yo empezaba a sentir que estaba más trompudo que antes.
A las pocas cuadras pregunta uno "¿y blablabla dónde está?", o mi Dios, lo dejamos!! ¿y los demás?¿y el otro carro?...
bueno, en nuesrta euforia no notamos que nos faltaba un carro y que además habíamos tenido algunas bajas.
Llegamos al lugar y ya parecía haberse calmado el asunto, así que nos estacionamos y nos bajamos. Un policía se me acercó y me dice "cómo estuvo el asunto", así que ya le dí mi versión y le expliqué como intente disuadirlos de pelear y que les proponía arreglar todo con un chinguaspun.
El representante de la ley no me creyó y me metió de un empujón a su patrulla y me llevó a un edificio muy bonito pero muy escondido que nunca en mis visitas al puerto había yo visto. Tenía una ventanitas muy altas con barrotitos.
A pesar de que la situación no se veía muy fácil, dado que no era yo primerizo en esos asuntos de pasar a saludar a barandilla, me sentóa confiado en que nos iban a decir: "nomás tranquilos y que les vaya bien". Je.
Me llevaron a un cuarto en donde me pidieron que sacara mis cosas y me quitara el cinturón. Luego de eso me llevaron hasta una celda a la que me invitaron a pasar.
Adentro había unas treinta personas, la mayoría más borrachos que yo, aunque menos contentos.
Uno a uno fueron llegando mis amigos y mis no tan amigos, hasta que quedamos completos.
Hay que comentar que en esos tiempos yo padecía una tos muy persistente que me duraba por meses y no se calmaba con nada, así que constantemente tosía.
Nos pusimos a cantar puras canciones con temas "de malo" para que nos tuvieran miedo, así que les recetamos a nuestros co-prisioneros desde los bukis hasta las del chico del suéter pasando por "Pepe el Toro es inocente".
En un momento dado, un preso de alguna otra celda que parecía no disfrutar de su habitación, empezó a gritar "ya callate pinche tuberculosooooo". Yo, con mucha tos y también un gran valor, le menté su madre fluídamente. A cada reclamo al de la tuberculosis le sucedía una mentada, a veces con alguna otra amenaza para que ya se callara y me dejara seguir cantando.
ya en la mañana llegaron unos celadores y uno a uno nos fueron nombrando, hasta que sólo faltaba yo y sobraba uno de su lista. Ya luego recordé que en un acto de inteligencia me puse el nombre del gobernador de Jalisco, así que cuando lo volvieron a nombrar me levanté y salí.
ya íbamos todos muy contentos por un oscuro pasillo cuando el celador se volvió a su derecha y abrió otra celda. Todos nos quedamos de a seis y preguntamos "¿y ahora?, ¿por qué no nos sueltan?"
La celda era amplia y cabíamos bien los siete u ocho recién llegados, con los tres que ya ocupaban el lugar.
Ya encerrados nos enteramos que el otro carro que se nos perdió (con la mitad del contingente) había chocado con otro vehículo en su fuga. Aparentemente el daño al carro no era tan grave como el daño a nuestra suerte. El dueño del otro carro era agente del ministerio público de la ciudad.
Caray, unas hamburguesas caras, una mesera fea con unos compañeros celosos, un choque, un agente del ministerio público... esto no es bueno.
Uy que caray!!! Nos sucedió lo peor que podía pasarnos.
Entonces tosí.
Luego de mi acceso de tos se destapa la cabeza (estaba acostado y cubierto con una cobija) uno de nuestros desconocidos nuevos compañeros me mira y dice "¡eres el pinche tuberculoso!"
Uy que caray!!
Me acababa de acordar de que venían los días santos que a lo mejor me los iba a pasar por primera vez en el bote y ahora resulta que estoy encerrado en una celda con un tipo con quien sabe qué antecedentes al que le estuve mentando la madre toda la noche. Me sucedió lo peor que podría pasarme.
Entonces se presentó.
-mira pinche tuberculoso, yo soy El Muraña, al que le estabas mentando la madre.
A lo que yo, uanque no recuerdo seguramente le habré dicho, "no Murañita, perdóname, es que andaba borracho"
Ya medio descompuesto con el problema que tenía encima y tratando de ser amigos le pregunto:
-¿y por qué estás aquí?
-Por homicidio. Maté a un cabrón con el que tuve un problema.
Uy que caray!!!
Estoy en prisión y no hice nada, tengo ganas de ir al baño, el baño no tiene puerta... ni agua. Tengo muchísima sed y la boca me sabe a cebolla, la fea mesera de la hamburguesía está que no cabe en ella de que unos tipos se pelearon por ella, el carro de mi no-amigo está chocado, el del agente del ministerio público también, voy a pasar semana santa en el bote, canté canciones del Chico del Suéter, me llamo igual que el gobernador de Jalisco, le menté la madre a un desconocido, ese desconocido es El Muraña y tuve un problema con él, él está en prisión por matar a un tipo que tuvo un problema con él. Me sucedió lo peor que podía pasarme.
Ir al baño no fue algo fácil, ya que mi arraigado pudor para esas cosas me frenó hasta que la tripa pudo más. La amistad con el muraña se fue dando con la misma fluidez que mi primera visita al retrete.
Ya en confianza fuimos haciéndonos amigos del "Mura" y de otros dos reclusos que también tenían sus historias, sólo que ellos eran inocentes.
El primero de ellos hablaba como si hubiera comido vidrios y tenía parches en ambos lados de su cuello. A duras penas se daba a entender y con trabajo nos contó que estaba ahí porque lo habían confundido y le habían recetado un balazo en el cuello. No era alguien que impresionara, sino más bien alguien chaparrito, con pelo chino y actitud servicial. Mucho gusto Tragabalas.
El otro tenía una historia menos sencilla, pero era igual de inocente. Una jovencita lo provocó, a lo que el no pudo resistirse y en un auto respondió a sus intenciones. Desafortunadamente la ex-Señorita cambió de opinión y ahora dice "que él la violó". Habrase visto. Mucho gusto Conejo.
Pues ya Salvador, su primo, sus amigos y yo habíamos tendido los primeros lazos de amistad con el Muraña, el Conejo y el Tragabalas.
A lo largo del día resonaban gritos y golpes a través de las paredes de la celda, a los que el Muraña respondía con iguales gritos y amenazas de muerte. Parece que no siempre era bueno para hacer amigos.
Compartimos frijolitos, carne echada a perder, y ya luego que dejaron salir a uno de mis no-amigos que resultó con un pequeño nivel de influencia, empezamos a gozar de unos pocos privilegios mientras que el que había salido arreglaba el problema con la hamburguesía, con el MP y le ofrecía disculpas a la fea por haberle dicho lo contrario, nosotros empezamos a comer pollo, tomar jugo de naranja con vodka y a jugar turista para pasar el rato.
Enseñamos a jugar turista a nuestros nuevos amigos, que quién sabe de dónde serían que no sabían jugarlo, y aun a riesgo de que nos robaran nuestros billetes "de a mentiras" les dimos su bonche y empezamos a jugar.
Cada quien su avión (uno de vodka y uno de plástico) y lanzábamos los dados. Estábamos todos envueltos en nuestras cobijas, compartiendo almohada y muy divertidos juegue y juegue.
Yo la verdad siempre muy malito para cualquier tipo de juego no tenía muchas expectativas de salir victorioso y ganar tal vez el privilegio de no tener que echarle agua al baño o algo así por un día. Pero finalmente en ese momento mi suerte empezó a cambiar y turno tras turno iba yo compre y compre estados, al grado de ser ya yo un magnate en cautiverio. Ya era yo dueño de medio país y algunos establecimientos, así que cobraba cuotas a los que tenían la mala suerte de caer en mi imperio.
El Muraña por su parte, hacía sus compras muy organizado y ya tenía a Sinaloa y Jalisco, que junto con Sonora eran los tres estados con las mejores cuotas por derecho de paso.
En eso, lanzo yo los dados y ya enrachado caigo en Sonora!!
Saco mis billetes y "compro Sonora!!"
El Muraña se levanta aventando la cobija y desacomodando los avioncitos y echándome ojos de pistola me grita "si compras Sonora te mato cabrón!!!"
Uy que caray!!!
A toda la letanía anterior de desventuras ahora hay que agregarle que estoy en prisión, como el caballo blanco con el hocico sngrante (e hinchado), con ganas de ir al baño de nuevo, sin puerta, sin agua y sin papel, borracho con una mezcla de jugo de naranja con vodka de contrabando, me sigo llamando como el gobernador (que a la postre renunció a su cargo por corrupción), no tengo dinero de verdad para pagar mi multa pero tengo miles en billetes de turista, acabo de faltarle el respeto a mi compañero de celda, encerrado por matar a alguien con quien tuvo un problema, cuando ya estaba medio sentidito conmigo porque le menté la madre toda la noche, y ahora resulta que lo ofendo por segunda vez queriendo comprar Sonora. Me sucedió lo peor que podría pasarme.
No recuerdo mucho más allá de que no compré Sonora, creo que el juego terminó pronto y junto con eso, nuestro no-amigo poco influyente logró solucionar los problemas que nos mantenían adentro y salimos muy contentos por nuestras cosas.
-Cosío Vidaurri, a la reja!!!!
-Presente señor!!!
Agarré todas mis cosas y salí a la fresca tarde porteña. Nunca el centro de La Mancha me pareció tan bonito, con su basura en las banquetas, con sus sexis lugareñas tan curtidas y de piernas tan flacas, con sus puestos de comida a media calle.
Que bonito es La Mancha!!!
Estuvimos algunos días más, tal vez sólo dos, en los que no dejamos de brindar por la libertad y las bondades de nuestras vidas, en las que sólo por mala suerte acabamos conociendo al Muraña, el Conejo y el Tragabalas, quienes compartieron con nosotros sus miserias y con quienes compartimos un poquito de frescura del exterior. Toda la frescura que unos siete u ocho jóvenes medio tarugos y medio borrachos podían compartir al ritmo de "Tu Cárcel".
Saludos pues.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
Entre mis muchas historias de playa tengo también algunas historias de prisión. Momentos en que me convertí en infractor de la ley y hube de pagar tras las rejas.
En este caso no fue el clásico Puerto Vallarta sino en otro lugar de la mancha, a donde fui a pasar unos días de esparcimiento juvenil a conocer algunas desconocidas y pasar el tiempo alegremente en espera del regreso a clases.
Nos fuimos en carro, y allá coincidimos con algunos amigos o parientes de uno de mis amigos.
De ahi en adelante no me da ya la memoria para recordar mucho, igual porque no hubo nada memorable hasta que fuimos a cenar unas hamburguesas allá por el rumbo de la laguna de La Mancha.
Recuerdo que la calle era fea, como igual lo era el lugar, que tenía el apropiado nombre de "Hamburguesía", a donde decidimos llegar a calmar el hambre.
La verdad no sé qué estábamos haciendo tan lejos, ya que no recuerdo ni dónde nos hospedábamos, pero bueno. Allá estábamos.
Dentro de toda esa fealdad que nos circundaba, recuerdo a una mesera cuya moderada fealdad bien ha de haberse convertido en belleza dado que traíamos ya puestos algunos embellecedores, mismos que además del mencionado efecto, desinhiben al portador al tiempo que lo vuelven más expresivo.
Recuerdo que ya habíamos terminado nuestra comida (o cena) cuando por ahí alguno de mis acompañantes compartió burdamente la "belleza" de la mesera, por lo que no faltaron los costeños vengadores que saltaron sobre ellos para poner orden y hacer que la honra de la Srita. sobreviviera intacta.
Mis amigos empezaron a salir uno a uno de la Hamburguesía como si los aventara una lavadora en el ciclo de centrifugado, así que llegó el momento en que éramos más afuera que adentro, por lo que decidí que era el momento de ayudar y me metí y le dí un sillazo al primero que ví. Ya sin silla fui blanco fácil para un costeño quien me agarró de costal de box hasta que sal´como los demás dando traspiés de espaldas hasta terminar con un costalazo en mitad del empedrado.
Ya que vimos que los locales eran más aguerridos que nosotros decidimos que era momento de regresar a nuestros autos y buscar donde continuar nuestros festejos vacacionales.
Corrimos al carro de Chava y nos subimos, arrancamos rápido y riéndonos de la aventura, mientras que poco a poco yo empezaba a sentir que estaba más trompudo que antes.
A las pocas cuadras pregunta uno "¿y blablabla dónde está?", o mi Dios, lo dejamos!! ¿y los demás?¿y el otro carro?...
bueno, en nuesrta euforia no notamos que nos faltaba un carro y que además habíamos tenido algunas bajas.
Llegamos al lugar y ya parecía haberse calmado el asunto, así que nos estacionamos y nos bajamos. Un policía se me acercó y me dice "cómo estuvo el asunto", así que ya le dí mi versión y le expliqué como intente disuadirlos de pelear y que les proponía arreglar todo con un chinguaspun.
El representante de la ley no me creyó y me metió de un empujón a su patrulla y me llevó a un edificio muy bonito pero muy escondido que nunca en mis visitas al puerto había yo visto. Tenía una ventanitas muy altas con barrotitos.
A pesar de que la situación no se veía muy fácil, dado que no era yo primerizo en esos asuntos de pasar a saludar a barandilla, me sentóa confiado en que nos iban a decir: "nomás tranquilos y que les vaya bien". Je.
Me llevaron a un cuarto en donde me pidieron que sacara mis cosas y me quitara el cinturón. Luego de eso me llevaron hasta una celda a la que me invitaron a pasar.
Adentro había unas treinta personas, la mayoría más borrachos que yo, aunque menos contentos.
Uno a uno fueron llegando mis amigos y mis no tan amigos, hasta que quedamos completos.
Hay que comentar que en esos tiempos yo padecía una tos muy persistente que me duraba por meses y no se calmaba con nada, así que constantemente tosía.
Nos pusimos a cantar puras canciones con temas "de malo" para que nos tuvieran miedo, así que les recetamos a nuestros co-prisioneros desde los bukis hasta las del chico del suéter pasando por "Pepe el Toro es inocente".
En un momento dado, un preso de alguna otra celda que parecía no disfrutar de su habitación, empezó a gritar "ya callate pinche tuberculosooooo". Yo, con mucha tos y también un gran valor, le menté su madre fluídamente. A cada reclamo al de la tuberculosis le sucedía una mentada, a veces con alguna otra amenaza para que ya se callara y me dejara seguir cantando.
ya en la mañana llegaron unos celadores y uno a uno nos fueron nombrando, hasta que sólo faltaba yo y sobraba uno de su lista. Ya luego recordé que en un acto de inteligencia me puse el nombre del gobernador de Jalisco, así que cuando lo volvieron a nombrar me levanté y salí.
ya íbamos todos muy contentos por un oscuro pasillo cuando el celador se volvió a su derecha y abrió otra celda. Todos nos quedamos de a seis y preguntamos "¿y ahora?, ¿por qué no nos sueltan?"
La celda era amplia y cabíamos bien los siete u ocho recién llegados, con los tres que ya ocupaban el lugar.
Ya encerrados nos enteramos que el otro carro que se nos perdió (con la mitad del contingente) había chocado con otro vehículo en su fuga. Aparentemente el daño al carro no era tan grave como el daño a nuestra suerte. El dueño del otro carro era agente del ministerio público de la ciudad.
Caray, unas hamburguesas caras, una mesera fea con unos compañeros celosos, un choque, un agente del ministerio público... esto no es bueno.
Uy que caray!!! Nos sucedió lo peor que podía pasarnos.
Entonces tosí.
Luego de mi acceso de tos se destapa la cabeza (estaba acostado y cubierto con una cobija) uno de nuestros desconocidos nuevos compañeros me mira y dice "¡eres el pinche tuberculoso!"
Uy que caray!!
Me acababa de acordar de que venían los días santos que a lo mejor me los iba a pasar por primera vez en el bote y ahora resulta que estoy encerrado en una celda con un tipo con quien sabe qué antecedentes al que le estuve mentando la madre toda la noche. Me sucedió lo peor que podría pasarme.
Entonces se presentó.
-mira pinche tuberculoso, yo soy El Muraña, al que le estabas mentando la madre.
A lo que yo, uanque no recuerdo seguramente le habré dicho, "no Murañita, perdóname, es que andaba borracho"
Ya medio descompuesto con el problema que tenía encima y tratando de ser amigos le pregunto:
-¿y por qué estás aquí?
-Por homicidio. Maté a un cabrón con el que tuve un problema.
Uy que caray!!!
Estoy en prisión y no hice nada, tengo ganas de ir al baño, el baño no tiene puerta... ni agua. Tengo muchísima sed y la boca me sabe a cebolla, la fea mesera de la hamburguesía está que no cabe en ella de que unos tipos se pelearon por ella, el carro de mi no-amigo está chocado, el del agente del ministerio público también, voy a pasar semana santa en el bote, canté canciones del Chico del Suéter, me llamo igual que el gobernador de Jalisco, le menté la madre a un desconocido, ese desconocido es El Muraña y tuve un problema con él, él está en prisión por matar a un tipo que tuvo un problema con él. Me sucedió lo peor que podía pasarme.
Ir al baño no fue algo fácil, ya que mi arraigado pudor para esas cosas me frenó hasta que la tripa pudo más. La amistad con el muraña se fue dando con la misma fluidez que mi primera visita al retrete.
Ya en confianza fuimos haciéndonos amigos del "Mura" y de otros dos reclusos que también tenían sus historias, sólo que ellos eran inocentes.
El primero de ellos hablaba como si hubiera comido vidrios y tenía parches en ambos lados de su cuello. A duras penas se daba a entender y con trabajo nos contó que estaba ahí porque lo habían confundido y le habían recetado un balazo en el cuello. No era alguien que impresionara, sino más bien alguien chaparrito, con pelo chino y actitud servicial. Mucho gusto Tragabalas.
El otro tenía una historia menos sencilla, pero era igual de inocente. Una jovencita lo provocó, a lo que el no pudo resistirse y en un auto respondió a sus intenciones. Desafortunadamente la ex-Señorita cambió de opinión y ahora dice "que él la violó". Habrase visto. Mucho gusto Conejo.
Pues ya Salvador, su primo, sus amigos y yo habíamos tendido los primeros lazos de amistad con el Muraña, el Conejo y el Tragabalas.
A lo largo del día resonaban gritos y golpes a través de las paredes de la celda, a los que el Muraña respondía con iguales gritos y amenazas de muerte. Parece que no siempre era bueno para hacer amigos.
Compartimos frijolitos, carne echada a perder, y ya luego que dejaron salir a uno de mis no-amigos que resultó con un pequeño nivel de influencia, empezamos a gozar de unos pocos privilegios mientras que el que había salido arreglaba el problema con la hamburguesía, con el MP y le ofrecía disculpas a la fea por haberle dicho lo contrario, nosotros empezamos a comer pollo, tomar jugo de naranja con vodka y a jugar turista para pasar el rato.
Enseñamos a jugar turista a nuestros nuevos amigos, que quién sabe de dónde serían que no sabían jugarlo, y aun a riesgo de que nos robaran nuestros billetes "de a mentiras" les dimos su bonche y empezamos a jugar.
Cada quien su avión (uno de vodka y uno de plástico) y lanzábamos los dados. Estábamos todos envueltos en nuestras cobijas, compartiendo almohada y muy divertidos juegue y juegue.
Yo la verdad siempre muy malito para cualquier tipo de juego no tenía muchas expectativas de salir victorioso y ganar tal vez el privilegio de no tener que echarle agua al baño o algo así por un día. Pero finalmente en ese momento mi suerte empezó a cambiar y turno tras turno iba yo compre y compre estados, al grado de ser ya yo un magnate en cautiverio. Ya era yo dueño de medio país y algunos establecimientos, así que cobraba cuotas a los que tenían la mala suerte de caer en mi imperio.
El Muraña por su parte, hacía sus compras muy organizado y ya tenía a Sinaloa y Jalisco, que junto con Sonora eran los tres estados con las mejores cuotas por derecho de paso.
En eso, lanzo yo los dados y ya enrachado caigo en Sonora!!
Saco mis billetes y "compro Sonora!!"
El Muraña se levanta aventando la cobija y desacomodando los avioncitos y echándome ojos de pistola me grita "si compras Sonora te mato cabrón!!!"
Uy que caray!!!
A toda la letanía anterior de desventuras ahora hay que agregarle que estoy en prisión, como el caballo blanco con el hocico sngrante (e hinchado), con ganas de ir al baño de nuevo, sin puerta, sin agua y sin papel, borracho con una mezcla de jugo de naranja con vodka de contrabando, me sigo llamando como el gobernador (que a la postre renunció a su cargo por corrupción), no tengo dinero de verdad para pagar mi multa pero tengo miles en billetes de turista, acabo de faltarle el respeto a mi compañero de celda, encerrado por matar a alguien con quien tuvo un problema, cuando ya estaba medio sentidito conmigo porque le menté la madre toda la noche, y ahora resulta que lo ofendo por segunda vez queriendo comprar Sonora. Me sucedió lo peor que podría pasarme.
No recuerdo mucho más allá de que no compré Sonora, creo que el juego terminó pronto y junto con eso, nuestro no-amigo poco influyente logró solucionar los problemas que nos mantenían adentro y salimos muy contentos por nuestras cosas.
-Cosío Vidaurri, a la reja!!!!
-Presente señor!!!
Agarré todas mis cosas y salí a la fresca tarde porteña. Nunca el centro de La Mancha me pareció tan bonito, con su basura en las banquetas, con sus sexis lugareñas tan curtidas y de piernas tan flacas, con sus puestos de comida a media calle.
Que bonito es La Mancha!!!
Estuvimos algunos días más, tal vez sólo dos, en los que no dejamos de brindar por la libertad y las bondades de nuestras vidas, en las que sólo por mala suerte acabamos conociendo al Muraña, el Conejo y el Tragabalas, quienes compartieron con nosotros sus miserias y con quienes compartimos un poquito de frescura del exterior. Toda la frescura que unos siete u ocho jóvenes medio tarugos y medio borrachos podían compartir al ritmo de "Tu Cárcel".
Saludos pues.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán.
martes, 20 de julio de 2010
Memorias II: Belleza etérea
Recuerdo muy bien el qué, aunque no recuerdo el cómo, y casi casi tampoco el cuándo:
Habíamos pasado algunos días en Puerto Vallarta, pero este fue otro viaje, porque recuerdo que nos trasladábamos en el carro de Pedro. El buen Chava formaba parte de la comitiva y creo que éramos sólo tres.
La noche previa había sido fabulosa: habíamos conocido a unas mujeres preciosas, buenas para bailar y perdidamente enamoradas de nosotros. Esa noche como cosa rara Chava nos abandonó.
Recuerdo que bailamos sin parar por horas en el Hard Rock, brindamos, hicimos coreografías, caminamos por la playa y bueno... todo muy bonito. Una excelente historia para compartir, de modo que al día siguiente fue el tema del desayuno, usando frases como "¡noooo gûeeeeey, eran unos viejooooones!" "¿¡te acuerdas cómo bailaba la mía!?" "¡Estaban chisíiiisimas!"
Bueno, la envidia del ausente era de las buenas. Quién le manda andarse yendo y dejar lo mejor para los demás.
Salimos de donde desayunábamos y recuerdo que tomamos la avenida principal, íbamos muy lento, ya que delante de nosotros circulaba un camión de tres toneladas, en cuya parte trasera viajaban unas desafortunadas pasajeras de muy mal ver, en shorts hechos con algún pantalón viejo cortado a tijera y blusitas que no daban para tapar el ombligo en esas panzas asoleadas al más puro estilo parachutero. No había a cuál irle, en un concurso de feas las descalificaban por feas.
Dice entonces Chava "¿qué traen estas morras?, ¿están saludando?, ¿son sus viejas de anoche?"
Pedro y yo nos volteamos a ver con los ojos muy grandes...
NOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!
Perfil amor ciego.
Epílogo.
Años después pude saludar a una de las feas en una plaza comercial de mi ciudad, cuando un amigo y excliente de muchos años atrás me presentó a su esposa, quien sólo atinó a regalarme una sonrisa resplandeciente.
¡¡Hola, mucho gusto señora!!
Habíamos pasado algunos días en Puerto Vallarta, pero este fue otro viaje, porque recuerdo que nos trasladábamos en el carro de Pedro. El buen Chava formaba parte de la comitiva y creo que éramos sólo tres.
La noche previa había sido fabulosa: habíamos conocido a unas mujeres preciosas, buenas para bailar y perdidamente enamoradas de nosotros. Esa noche como cosa rara Chava nos abandonó.
Recuerdo que bailamos sin parar por horas en el Hard Rock, brindamos, hicimos coreografías, caminamos por la playa y bueno... todo muy bonito. Una excelente historia para compartir, de modo que al día siguiente fue el tema del desayuno, usando frases como "¡noooo gûeeeeey, eran unos viejooooones!" "¿¡te acuerdas cómo bailaba la mía!?" "¡Estaban chisíiiisimas!"
Bueno, la envidia del ausente era de las buenas. Quién le manda andarse yendo y dejar lo mejor para los demás.
Salimos de donde desayunábamos y recuerdo que tomamos la avenida principal, íbamos muy lento, ya que delante de nosotros circulaba un camión de tres toneladas, en cuya parte trasera viajaban unas desafortunadas pasajeras de muy mal ver, en shorts hechos con algún pantalón viejo cortado a tijera y blusitas que no daban para tapar el ombligo en esas panzas asoleadas al más puro estilo parachutero. No había a cuál irle, en un concurso de feas las descalificaban por feas.
Dice entonces Chava "¿qué traen estas morras?, ¿están saludando?, ¿son sus viejas de anoche?"
Pedro y yo nos volteamos a ver con los ojos muy grandes...
NOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!
Perfil amor ciego.
Epílogo.
Años después pude saludar a una de las feas en una plaza comercial de mi ciudad, cuando un amigo y excliente de muchos años atrás me presentó a su esposa, quien sólo atinó a regalarme una sonrisa resplandeciente.
¡¡Hola, mucho gusto señora!!
Memorias I: El loco de anoche
Justo ahorita me acabo de acordar de una de esas memorias de allá hace muchos años. No recuerdo ni bien cuándo, pero estaba yo en el paradisiaco Puerto Vallarta.
Eran mis tiempos de universitario y nos habíamos ido con unos pocos pesos a pasar algunos días viendo muchachas guapas y tomando cervezas.
Era la primera noche en nuestro trailer park y salimos muy temprano ya listos para ir de fiesta al entonces incomparable y ahora extinto Carlos and Charlies, donde estuvimos bebiendo vasos y vasos de algo color verde fluorecente.
Cada quien buscaba su propia "novia por un día" para bailar y disfrutar a tope de la velada tipo spring break, de modo que nomás nos saludábamos al vernos pasar, y si no íbamos solos, claro que mirábamos con ojo crítico a la conquista.
Pues resulta que el buen Chava, mi amigo Chava Martínez conoció a alguien que le llenó el ojo y para pronto decidió que la fiesta ahí había terminado. Lo que no hizo fue avisarme. De modo que al rato andaba yo rebotando de felicidad ignorante de que no tenía forma de volver a mi hogar temporal, y lo más probable... ni dinero.
Recuerdo haberme cansado de buscarlo con mi cubeta de cervezas, hasta que las cervezas se acabaron.
Ya a alguna hora decidí declararme abandonado y salí a buscar el modo de volver a... a... ¿a dónde? Padre Santo ¿dónde está el trailer park? nunca me fijé. Yo no iba manejando y nunca me fijé dónde era, así que ahora había que agregarle a la falta de dinero, la falta de destino.
Salí a caminar sin rumbo y recuerdo que al platicar con unos amigos (¿tenía amigos en Puerto Vallarta? eeeeh, da igual) me invitaron a cenar, en lo que mi amigo regresaba a buscarme. Cenamos tacos en una esquina y mi amigo nunca volvió. Yo creo que mis nuevos amigos se cansaron de no poder cortarme y decidieron invitarme a su bungalow, donde seguimos departiendo y bailando hasta que me dormí.
Ya en la mañana muy apenado me levanté, y sin que nadie me viera puse pies en polvorosa para no tener que dar explicaciones ni a mis amigos ni a mí.
De alguna forma tan misteriosa como mi olvido, me llegó el recuerdo de cómo llegar a mi alojamiento original, así que caminé y caminé hasta que encontré a Chava dormido en nuestra casa de acampar y muy acolchado en mi ropa de cama.
Claro que le reclamé y claro que me pidió comprensión. Le dije que ahí moría el tema, pero que la próxima noche las llaves del carro me las quedaría yo para que no me volviera a suceder algo así.
Pasamos el día en las playas, viendo bikinis y tomando espirituosas hasta que llegó la noche y con ella, la hora de relevar actividad. De modo que muy bañados y perfumados, nos fuimos de antro.
Esa noche tuve el gusto de constatar la presencia de Chava por aquí y por allá en el bar, cosa que me daba mucha tranquilidad. Además tenía yo la seguridad de que si se iba tendría que hacerlo caminando, pues yo traía las llaves de su carro.
Resulta que tanta tranquilidad no me vino bien, porque ya enfiestado, me sentí aburrido ahí y me dieron ganas de cambiar de aires, así que tome mis llaves, caminé a mi carro y me cambié de bar. Así feliz y celebrante transcurrió mi noche y madrugada, hasta que me ganó el cansancio y tuve que ir a dormir.
Tomé el camino de regreso, aparqué mi carro y toqué la puerta... mmmm... la casa de campaña no tenía puerta. Algo no va bien aquí.
Alguien con voz somnolienta pregunta "¿quiéeeeen?", "Enrique" contesto. Una segunda voz más a lo lejos pregunta "¿quién es?" a lo que la voz detrás de la puerta contesta "es el loco de anoche".
"Abrele", remató.
Pues como ya no había fiesta y estábamos todo muy cansados me dormí inmediatamente en la sala.
Muy temprano y con la misma prisa del día anterior, salí en sigilo y huí, con el nuevo recuerdo misterioso de dónde realmente me alojaba yo.
Recuerdo que algunas cosas me reclamó Chava, no tengo idea de cómo me justifiqué pero seguramente le habré dicho que el empezó. El carro era de él, pero eso es lo de menos.
Nunca es tarde para un agradecimiento: amigos del bunlgalow en la dimensión desconocida, muchas gracias por darme asilo, comida y bebida. Sóis grandes.
Salud!!!
Perfil memoria volátil.
Eran mis tiempos de universitario y nos habíamos ido con unos pocos pesos a pasar algunos días viendo muchachas guapas y tomando cervezas.
Era la primera noche en nuestro trailer park y salimos muy temprano ya listos para ir de fiesta al entonces incomparable y ahora extinto Carlos and Charlies, donde estuvimos bebiendo vasos y vasos de algo color verde fluorecente.
Cada quien buscaba su propia "novia por un día" para bailar y disfrutar a tope de la velada tipo spring break, de modo que nomás nos saludábamos al vernos pasar, y si no íbamos solos, claro que mirábamos con ojo crítico a la conquista.
Pues resulta que el buen Chava, mi amigo Chava Martínez conoció a alguien que le llenó el ojo y para pronto decidió que la fiesta ahí había terminado. Lo que no hizo fue avisarme. De modo que al rato andaba yo rebotando de felicidad ignorante de que no tenía forma de volver a mi hogar temporal, y lo más probable... ni dinero.
Recuerdo haberme cansado de buscarlo con mi cubeta de cervezas, hasta que las cervezas se acabaron.
Ya a alguna hora decidí declararme abandonado y salí a buscar el modo de volver a... a... ¿a dónde? Padre Santo ¿dónde está el trailer park? nunca me fijé. Yo no iba manejando y nunca me fijé dónde era, así que ahora había que agregarle a la falta de dinero, la falta de destino.
Salí a caminar sin rumbo y recuerdo que al platicar con unos amigos (¿tenía amigos en Puerto Vallarta? eeeeh, da igual) me invitaron a cenar, en lo que mi amigo regresaba a buscarme. Cenamos tacos en una esquina y mi amigo nunca volvió. Yo creo que mis nuevos amigos se cansaron de no poder cortarme y decidieron invitarme a su bungalow, donde seguimos departiendo y bailando hasta que me dormí.
Ya en la mañana muy apenado me levanté, y sin que nadie me viera puse pies en polvorosa para no tener que dar explicaciones ni a mis amigos ni a mí.
De alguna forma tan misteriosa como mi olvido, me llegó el recuerdo de cómo llegar a mi alojamiento original, así que caminé y caminé hasta que encontré a Chava dormido en nuestra casa de acampar y muy acolchado en mi ropa de cama.
Claro que le reclamé y claro que me pidió comprensión. Le dije que ahí moría el tema, pero que la próxima noche las llaves del carro me las quedaría yo para que no me volviera a suceder algo así.
Pasamos el día en las playas, viendo bikinis y tomando espirituosas hasta que llegó la noche y con ella, la hora de relevar actividad. De modo que muy bañados y perfumados, nos fuimos de antro.
Esa noche tuve el gusto de constatar la presencia de Chava por aquí y por allá en el bar, cosa que me daba mucha tranquilidad. Además tenía yo la seguridad de que si se iba tendría que hacerlo caminando, pues yo traía las llaves de su carro.
Resulta que tanta tranquilidad no me vino bien, porque ya enfiestado, me sentí aburrido ahí y me dieron ganas de cambiar de aires, así que tome mis llaves, caminé a mi carro y me cambié de bar. Así feliz y celebrante transcurrió mi noche y madrugada, hasta que me ganó el cansancio y tuve que ir a dormir.
Tomé el camino de regreso, aparqué mi carro y toqué la puerta... mmmm... la casa de campaña no tenía puerta. Algo no va bien aquí.
Alguien con voz somnolienta pregunta "¿quiéeeeen?", "Enrique" contesto. Una segunda voz más a lo lejos pregunta "¿quién es?" a lo que la voz detrás de la puerta contesta "es el loco de anoche".
"Abrele", remató.
Pues como ya no había fiesta y estábamos todo muy cansados me dormí inmediatamente en la sala.
Muy temprano y con la misma prisa del día anterior, salí en sigilo y huí, con el nuevo recuerdo misterioso de dónde realmente me alojaba yo.
Recuerdo que algunas cosas me reclamó Chava, no tengo idea de cómo me justifiqué pero seguramente le habré dicho que el empezó. El carro era de él, pero eso es lo de menos.
Nunca es tarde para un agradecimiento: amigos del bunlgalow en la dimensión desconocida, muchas gracias por darme asilo, comida y bebida. Sóis grandes.
Salud!!!
Perfil memoria volátil.
jueves, 15 de abril de 2010
De las playas famosas a las ignotas
Para mí las vacaciones son algo natural. Trabajo para ellas.
Siempre he visto mis periodos vacacionales como los momentos cúspide de mis años. No mido mi tiempo en semanas de vida o de trabajo, sino en días de gozo, y mis vacaciones son de gozo.
Total que debido a que actalmente transito en una de mis etapas ermitañas decidí no salir en Semana Santa, aunque ello no significó tanto así como de plano no pasear. De modo que algunos planecillos locales hicimos, y en uno de esos días me acordé de unos tales "Guachimontones" que de un tiempo acá forman parte del patrimonio arqueológico de Jalisco, así que decidimos ir y conocer.
El otro día le decía a mi esposa, Perfila Sabrosa, que yo debería haber sido una de dos: piloto de carreras o arqueólogo, a lo que ella me contestó que ya me durmiera. Tal vez juzgó mi comentario algo pendejo y desatinado, ya que mi situación económica no permite distraer el presupuesto para andar por el mundo reventando motores, ni para recorrerlo observando piedras de formas antinaturales y haciéndo hipótesis sobre quién jijos habrá tenido la idea de darle esa forma a la piedra, cuándo y por qué. Lo cierto es que como bueno para manejar definitivamente no soy, tal vez lo mejor hubiera sido ser arqueólogo.
Con que facilidad hubiera yo creado una teoría sobre los Guachimontones y con fechas y todo. Actualmente dicen no saber qué cultura creó esos "templos ceremoniales", pero que "en eso andan".
Espero recordar un día hacer algún texto sobre mi teoría de los Guachimontones. Que Dios me dé licencia.
Al fin la Semana Santa pasó, y ni tardo ni perezoso organicé todo para irnos a la playa, ya tenía todo en orden y muy pronto salimos a Puerto Vallarta, pueblito que adoro sin ninguna razón, ya que no tengo memoria de grandes momentos de mi vida o algo por el estilo ahí. Es nomás uno de mis lugares preferidos y por eso lo adoro. Pero ahora que estuvimos ahí me di cuenta que me encanta sólo para ciertas cosas, ya que tiene muy buena vida nocturna, muy buena comida, pero también mucha gente.
Para mi fortuna el hotelito que escogí era de los que no tenían mucha demanda, lo que me permitió disfrutar de la alberca con Perfilita Flamenca, mientras me rodeaban unas pocas señoras de poco estilo y muchas pulgas. Hubo algunos momentos dignos de mencionar que no voy a mencionar, salvo uno:
Estaba yo tirado asoleándome junto a la piscina con mi short jaguayano, peinado de "El Puma" (porque en vacaciones descanso del Gel -gomina-), sin camisa y fingiendo no ver, no estar y casi casi no ser. En eso escucho una nueva amiga de Perfilita que dice "oh, ese señor tan joven, ¿es tu papá?", perfilita dice "si", la inteligente nueva amiguita de perfilita replica "se ve de veintinueve", perfilita corrige "tiene treinta y nueve", la amiguita inteligente remata "se parece al de 'hasta que el dinero nos separe', el que dice estimadísima secretariaaaaa". Ahí como que ya no me gustó y no supe si reclamar o esperar a averiguar.
Pues revisando el elenco de la novela no me queda claro quien podría ser yo, ya que por un lado hay unos muy galanes y por otro unos de a tiro muy madreados, la cosa es que ya viendo con calma puedo haberme parecido o a Harry Geithner o a Carlos Bonavides. Voy a dejarlo así y que cada quien juzgue, aunque tengo mis pistas.
Ya mas adelante en los días de vacación y recreación, propuse ir a una playa secreta, donde pudieramos pasar un día agradable nadando, jugando en la arena sin tener que soportar miradas indiscretas y cualquieras a nuestro alrrededor. De modo que conseguí información privilegiada y después de buscar un poco, batallar un mucho para estacionar al francés, tomamos nuestros artilugios, hielera y demás tiliches y a caminar.
Hubo muchos escalones, letreros de "no hay baño" y sirenas con pies cambiandose a medio camino en las escaleras. Eso me daba señas de que mi secretoa había sido descubierto. Mi edén privado estaba un poco lleno, y no de "gente bonita" como me dijo la concierge para ganarme: "no vaya a donde va la gente de esa que no queremos ver, lo voy a mandar a una playa muy sola a donde mandamos sólo a la gente más bonita"
... mmmmmm pendeja!!!
Bueno. Ya estábamos ahí.
Perfilita encantada con sus amigas (también nuevas), Perfila Sabrosa tomando baños de sol, Perfila Eslovaca luciendo belleza y posando para las fotos y su servidor, observando una cantidad respetable de bombones corrientes pero muy apetecibles. Acompañado por unas heladísimas espirituosas con levadura.
Ya al rato, igual que siempre, la tripa de Perfila Sabrosa fue la primera en fallar: "quiero hacer chí".
Mmmmm que caray. Pues a ver cómo le haces porque aquí no hay baño y sospecho que todos estos bonitos lo están haciendo en el mar.
Muy pronto decidió tomar prestada a Perfila Eslovaca y le dijo "vénte, vamos al baño"... ya luego supe que llegaron muy monas fingiendo ser extranjeras (la eslovaca no fingió) y contestando puros disparates cada que el vigilante del cinco estrellas preguntaba "Rooom???" y ellas decían lo mismo que ya habían ensayado y así interminablemente "roooom? - impronunciable roooom? - impronunciable roooom? - impronunciable" hasta que llegó un tipo que seguro las vió que ya se orinaban y le dice al de la puerta "déjenlas pasar que son mis amigas" y ya adentro le pregunta a Sabrosa "¿vienen por algo de tomar? ¿qué toman?" y Sabrosa le dice, no pos nada, venimos al baño.
Lo mío fue menos glamoroso y no tiene caso mencionarlo.
Fue la única ocasión que las pude llevar a la playa porque aunque lo volvi a proponer ya no tuve eco. Todas querían piscina. Fue entonces que pensé que ¿para qué fui al paradisiaco Puerto Vallarta para meterme a una alberca con tantas que hay en Chimulco? y descubrí que lo mío es el ecoturismo. El turismo en lugares a donde nadie va. Sin baño, sin bañarme, sin gente que me vea y sin gente para ver. Con hermosos cuadros pintados por la naturaleza y sin vigilantes en la entrada. Con mar, con arena, con bosque, con río, con chelas y con celular.
Ahora con mi nuevo descubrimiento de lo que realmente me gusta hacer, estoy planeando irme solo a dormir en alguna de esas playas paradisiacas que tiene nuestro bello país en el pacífico para comprobar mi teoría.
Nunca he podido estar solo en ningún lado. Realmente solo. Quiero ver qué se siente, y comprobar si tengo a la mano algún bello lugar para estar solo. Llevarme mi caña de pescar, un arpón, mi escopeta de caza, dos latas de atún, galletas saladas, unos bifes, una parrilla, tres cartones de cerveza, mi ipod y así irme a hablar con el mar y conmigo bien romántico.
¿podré?
Perfil Biodegradable
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