Desde que empezamos a recibir mensajes (más bien entenderlos), una de las ideas y deseos que recibimos es que nos vaya muy bien en la vida, pero ¿qué es que nos vaya muy bien?
Hay muchas concepcions de éxito, todas asociadas con un feliz resultado o la buena aceptación de algo, sin embargo ¿cómo debe uno entender el éxito?
Cuando hablan de alguien como una persona exitosa lo primero que asocia uno es un buen traje, un auto caro, una buena casa, una hermosa familia, viajes, negocios, etc. Sin embargo en estos tiempos de crisis en donde lo arriba mencionado es privilegio de unos pocos, creo que se vale pensar en otras modalidades de éxito menos socorridas pero igual de saboreables si sabemos recibirlas como son: éxitos, éxitos que no se vinculan al dinero.
Pensando en este tipo de personas exitosas me vienen a la mente varias personas, no todas cercanas a mí, pero que por una cosa u otra las veo felices y siendo exitosas viviendo sus vidas no siempre opulentas.
buena parte de la sensación de éxito en nuestras vidas tiene que ver con nuestra capacidad para dejar atrás las frustraciones por las cosas que no logramos. Es un reflejo de nuestra inteligencia emocional. Todos logramos unas cosas y no logramos otras. Siempre he dicho que no hay felicidad completa, pero no en el sentido de que realmente no se pueda ser feliz del todo, sino de que a todos nos falta algo, ya sea belleza, bienes materiales, inteligencia, agilidad mental, capacidad para expresarnos, amor, familia, actitud, etc., pero aun con esa aparente felicidad a medias, se puede vivir feliz y más aun, ser una persona exitosa.
Como dije en mi segundo párrafo, se asocia éxito con la felicidad, y en mi experiencia personal esta felicidad ha llegado como consecuencia de la aceptación de lo que soy, de lo que he vivido y de lo que tengo. Vivir para tener cosas parece ser el propósito de nuestra llegada a este mundo, así que resulta curioso que luego de una vida de trabajar mucho para acumular cosas, acaba uno yéndose igual de desposeído que el que nunca trabajó ni logró hacerse de nada.
Por otro lado, está la gente con "estrella", que nada más nacer podrían considerarse exitosos, sabiendo que nada les va a faltar. Creyendo que nada les va a faltar diría yo, porque igual les falta, pero en otros aspectos. Alguien que consideré mi amigo me restregaba en la cara que tenía casas, autos, viajes y un negocio próspero. Lo único que me nació del corazón contestarle es que no entendía de dónde tanto orgullo si el negocio es de sus padres y ya estaba ahí antes de que él naciera y que todas las demás cosas habían salido de ahí; que no tenía ningún mérito personal vivir como vivía, con dos matrimonios fracasados, desempeñando el cargo de "hijo del dueño" en su trabajo y moviéndose por la vida enfundado en un cuerpo de chile relleno, sin posibilidades de que un cirujano plástico o lipoescultor lo saque de tal condición porque bien dicen, no hacen milagros. Sobra decir que mis declaraciones acabaron con la amistad. No hay felicidad completa.
No hace falta llenarse de cosas para ser exitoso. El éxito puede encontrarse haciendo lo que quiere hacer, disfrutando los logros alcanzados y valorando lo que se tiene, que bien puede ser un kit de simpatía, sagacidad y sonrisa; o uno de entusiasmo, iniciativa y seguridad. Vivir para tener cosas no es el camino, siempre habrá cosas por tener, y siempre será más lo que no tenemos así que hagamos nuestro inventario, cuidemos lo que tenemos, revisemos nuestras metas y disfrutemos lo alcanzado.
Éxito.
Perfil Exitoso.
Las cosas que piensa alguien de 50, que siente que se salió del molde, pero que la verdad en el espejo se ve muy normal. Lo escrito simplemente brota de mi cerebro que en algunas partes está como nuevo y en otras francamente atrofiado. Lo he frenado por años porque creo que no lleva a nada, pero luego de tanto, entiendo que publicarlo tampoco lleva a nada. Así que como dice una frase que le oí a Shrek en su traducción al español: "mejor afuera que adentro". Saludos.
viernes, 14 de marzo de 2014
miércoles, 25 de septiembre de 2013
La idealización del pasado
Para variar hoy me desperté pensando.
Pensando en bonitos recuerdos de mi infancia y adolescencia, pero hilados a estos me empezaron a llegar recuerdos de lugares que he vuelto a visitar luego de mucho; amigos que he reencontrado luego de mucho, y en casi todos los casos el regreso del pasado le quita la magia al recuerdo.
Regresar treinta años después a los deliciosos tacos con los que te deleitabas a los ocho años puede convertirse en una gran decepción. No saben igual. Ni siquiera saben buenos.
Visitar la playa donde jugaste de niño haciendo castillos, corriendo y retratando tan feliz en las fotos no deja sino la duda de en qué momento contruyeron tantas casas y dejaron entrar a tantos vendedores ambulantes. Ni el mar es el mismo.
Me he reencontrado con algunos amigos de distintos momentos de mi vida y aunque se disfruta la plática de los viejos tiempos, me resulta dificil crear "nuevos tiempos" con ellos y sólo se convierten en un contacto mas de mi red social y a veces, en casos realmente decepcionantes ni eso.
Conducir el auto de tus sueños de adolescente veinticinco años después te hace pensar cómo es que lograron venderlos cuando fueron nuevos.
Qué tal las exnovias? tal vez encontrarse a los veinte con la que fue tu novia de la primaria te haga querer morir por no haber sido más precoz, pero a mi edad, por regla general las encuentro a todas muy carcomidas por el tiempo. Hubo una niña que me gustaba en particular a quien recordé por unos treinta años imaginándola cada vez con su cara de los doce años, en un cuerpazo de veinte, con una claridad de pensamiento de los treintas y una mentalidad liberal de hippie, en un atuendo arrollador y diciéndome "hola Perfil Bajo, fuiste y sigues siendo mi amor platónico, te he extrañado toda mi vida"... pero la verdad es muy diferente. En este caso en particular, alguien me compartió algunas fotos de aquélla niña hermosa de rulos rubios, piel etérea, piernas zambas y trasero poco agraciado, y lo único de lo que encontré vestigios fue del trasero poco agraciado, imagen a la que sólo tengo que agregarle la celulitis y aumentarle cinco tallas. Ya no es rubia, ya no es delgada, tampoco es blanca. Ni siquiera tiene un esposo de su edad. Parece que se casó con su chozno, aunque hay que destacar el hecho de que todavía tenga esposo porque al igual que las chaquetas de tweed, los esposos somos accesorio en vías de extinción.
Por décadas he perseguido algunos recuerdos tratando de reencontrarme con ellos, pero viendo lo encontrado creo que voy a reservar los pocos que me quedan tal como están, como bellos recuerdos que son sólo eso.
Soy Perfil Bajo de Los Ruiz de Nochistlán, y si te ví ni me acuerdo.
Pensando en bonitos recuerdos de mi infancia y adolescencia, pero hilados a estos me empezaron a llegar recuerdos de lugares que he vuelto a visitar luego de mucho; amigos que he reencontrado luego de mucho, y en casi todos los casos el regreso del pasado le quita la magia al recuerdo.
Regresar treinta años después a los deliciosos tacos con los que te deleitabas a los ocho años puede convertirse en una gran decepción. No saben igual. Ni siquiera saben buenos.
Visitar la playa donde jugaste de niño haciendo castillos, corriendo y retratando tan feliz en las fotos no deja sino la duda de en qué momento contruyeron tantas casas y dejaron entrar a tantos vendedores ambulantes. Ni el mar es el mismo.
Me he reencontrado con algunos amigos de distintos momentos de mi vida y aunque se disfruta la plática de los viejos tiempos, me resulta dificil crear "nuevos tiempos" con ellos y sólo se convierten en un contacto mas de mi red social y a veces, en casos realmente decepcionantes ni eso.
Conducir el auto de tus sueños de adolescente veinticinco años después te hace pensar cómo es que lograron venderlos cuando fueron nuevos.
Qué tal las exnovias? tal vez encontrarse a los veinte con la que fue tu novia de la primaria te haga querer morir por no haber sido más precoz, pero a mi edad, por regla general las encuentro a todas muy carcomidas por el tiempo. Hubo una niña que me gustaba en particular a quien recordé por unos treinta años imaginándola cada vez con su cara de los doce años, en un cuerpazo de veinte, con una claridad de pensamiento de los treintas y una mentalidad liberal de hippie, en un atuendo arrollador y diciéndome "hola Perfil Bajo, fuiste y sigues siendo mi amor platónico, te he extrañado toda mi vida"... pero la verdad es muy diferente. En este caso en particular, alguien me compartió algunas fotos de aquélla niña hermosa de rulos rubios, piel etérea, piernas zambas y trasero poco agraciado, y lo único de lo que encontré vestigios fue del trasero poco agraciado, imagen a la que sólo tengo que agregarle la celulitis y aumentarle cinco tallas. Ya no es rubia, ya no es delgada, tampoco es blanca. Ni siquiera tiene un esposo de su edad. Parece que se casó con su chozno, aunque hay que destacar el hecho de que todavía tenga esposo porque al igual que las chaquetas de tweed, los esposos somos accesorio en vías de extinción.
Por décadas he perseguido algunos recuerdos tratando de reencontrarme con ellos, pero viendo lo encontrado creo que voy a reservar los pocos que me quedan tal como están, como bellos recuerdos que son sólo eso.
Soy Perfil Bajo de Los Ruiz de Nochistlán, y si te ví ni me acuerdo.
jueves, 23 de mayo de 2013
El largo camino por recorrer.
En la vida se encuentra uno con gente de todo tipo, desde el que nunca sale de su pueblo natal hasta el que nunca encuentra un sitio para echar raices.
En mi caso fui un niño y adolescente errante a causa del trabajo de mi padre (no el Dalai Lama; El donante), pero al casarme eché más raíces de las que supuse en ese momento. No siento apego a los lugares, pero mi familia me hizo inamovible de esta ciudad. Sin embargo, como todos en esta vida actualmente realizo un viaje de duración indefinida, en el que sé de dónde vine, camino diariamente y acumulo ya 42 años de pasos que no cansan, pero no sé para dónde voy ni cuando llegaré.
¿A dónde voy?
Soy Perfil Bajo, de Los Ruiz de Nochistlán.
En mi caso fui un niño y adolescente errante a causa del trabajo de mi padre (no el Dalai Lama; El donante), pero al casarme eché más raíces de las que supuse en ese momento. No siento apego a los lugares, pero mi familia me hizo inamovible de esta ciudad. Sin embargo, como todos en esta vida actualmente realizo un viaje de duración indefinida, en el que sé de dónde vine, camino diariamente y acumulo ya 42 años de pasos que no cansan, pero no sé para dónde voy ni cuando llegaré.
¿A dónde voy?
Soy Perfil Bajo, de Los Ruiz de Nochistlán.
jueves, 10 de enero de 2013
Abro mi billetera...
Abro mi billetera reviso mis tarjetas y la cierro; la guardo en mi bolsillo.
Abro mi cartera reviso mis tarjetas, reviso el saldo de mi último ticket del cajero automático y la cierro; voy a guardarla en mi bolsillo y a medio camino me arrepiendo, la abro de nuevo y repito el procedimiento anterior.
Luego de apenas unas cuatro o cinco veces estoy seguro: todo está como antes, como yo ya sabía.
Me estoy conteniendo de sacar mi billetera y verificar si todavía traigo los $2,400 de hace rato ¿o eran 2,800? Feliz 2013 mis queridas compulsiones, no las extrañé.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán, y no la voy a sacar de nuevo ¿o si?
Abro mi cartera reviso mis tarjetas, reviso el saldo de mi último ticket del cajero automático y la cierro; voy a guardarla en mi bolsillo y a medio camino me arrepiendo, la abro de nuevo y repito el procedimiento anterior.
Luego de apenas unas cuatro o cinco veces estoy seguro: todo está como antes, como yo ya sabía.
Me estoy conteniendo de sacar mi billetera y verificar si todavía traigo los $2,400 de hace rato ¿o eran 2,800? Feliz 2013 mis queridas compulsiones, no las extrañé.
Soy Perfil Bajo, de los Ruiz de Nochistlán, y no la voy a sacar de nuevo ¿o si?
Mi primer auto de "señor".
Hace unos días le contaba a mi mamá de un Ford Maverick que tuve. Fue un carro muy especial, mi primero de casado.
Color discreto, el avispón verde se moriría de envidia al ver ese verde tan intenso brillante y tornasolado.
Era estándar y se le atoraban las velocidades, así que era muy normal que llegara yo de donde sea, todo lleno de tierra y grasa por meterme debajo del carro a destrabar las varillas.
Por dentro casi no tenía piso, estaba podridísimo y podía adivinar la velocidad nomás de ver pasar la calle bajo mis pies. Toda esa podredumbre y muchos choques me imagino, hacían que el carro se pandeara y bailara como hawaiiana al irlo manejando. Me acuerdo que en Av. Patria brincaba tanto que mi hija Fer (bebé entonces) hacía ruidos tipo "aaaaaaaaaaaaaaa" y se moría de la risa porque en realidad sonaba "aaa-aa-aaaaaa-a-a-aaaa-aaaaa-aaaa-aaaaa-aa" de tantos brincos de dábamos.
No se me olvida cuánto me ofendí el día que escuché a dos vecinas elucubrando un plan para que viniera la grúa por mi carro y lo llevara al tiradero. Muy molesto les expliqué que era mi carro y no estaba abandonado, era mi carro de los domíngos.
No era fácil atreverme a subir la velocidad porque no podía pararlo, pero tengo grabada como si fuera en piedra la mirada de mi esposa cuando una vez, circulando en periférico, los guardafangos empezaron a levantarse cual alas, al más puro estilo de Bond James Bond.
Carrazo!!
Soy Perfil Bajo y voy lleno nenas.
Color discreto, el avispón verde se moriría de envidia al ver ese verde tan intenso brillante y tornasolado.
Era estándar y se le atoraban las velocidades, así que era muy normal que llegara yo de donde sea, todo lleno de tierra y grasa por meterme debajo del carro a destrabar las varillas.
Por dentro casi no tenía piso, estaba podridísimo y podía adivinar la velocidad nomás de ver pasar la calle bajo mis pies. Toda esa podredumbre y muchos choques me imagino, hacían que el carro se pandeara y bailara como hawaiiana al irlo manejando. Me acuerdo que en Av. Patria brincaba tanto que mi hija Fer (bebé entonces) hacía ruidos tipo "aaaaaaaaaaaaaaa" y se moría de la risa porque en realidad sonaba "aaa-aa-aaaaaa-a-a-aaaa-aaaaa-aaaa-aaaaa-aa" de tantos brincos de dábamos.
No se me olvida cuánto me ofendí el día que escuché a dos vecinas elucubrando un plan para que viniera la grúa por mi carro y lo llevara al tiradero. Muy molesto les expliqué que era mi carro y no estaba abandonado, era mi carro de los domíngos.
No era fácil atreverme a subir la velocidad porque no podía pararlo, pero tengo grabada como si fuera en piedra la mirada de mi esposa cuando una vez, circulando en periférico, los guardafangos empezaron a levantarse cual alas, al más puro estilo de Bond James Bond.
Carrazo!!
Soy Perfil Bajo y voy lleno nenas.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
La punta del iceberg
Ayer, al ir caminando vi una pequeña nota pegada en el espejo lateral de un automóvil de un compañero de trabajo. Eran sólo tres letras acompañadas de un nombre corto que terminaba en "y", así como dicho con cariño.
Me vino a la mente la cara de mi compañero, al que yo encuentro muy poco agraciado y prefiero no describir...
aaaah picarón!!!! ¿quién iba a decir que anda de coqueto? o todavía peor, ¿quién iba a decir que alguna "señorita" de los alrrededores podría estarle coqueteando?
Podrá sonar todo a envidia, pero lo que me dejó pensando ese asunto, es cuánto escondemos las personas, o digamos, no tanto como esconder, pero todo lo que no decimos queda en el misterio. La pregunta normalmente dice ¿cuánto sabes de mí? pero la más interesante sería ¿cuánto ignoras de mí?
Compartimos el camión, la acera, la fila en el banco, la mirada, el auto, la casa, el chicle... pero ¿cuánto ignoramos de la gente?
Por poner un ejemplo, tuve de vecinos (puerta con puerta) a un matrimonio con una hija de edad similar a una que tengo yo, vivimos así de cerca por varios años y si ahora me preguntaran que qué sé de ellos diría:
Él es alto, no podría reconocerlo nada más salir de la cuadra, le gustan los autos de perdedor y quien sabe cómo se llame.
Ella es bajita (llegué a dudar que la diferencia en estaturas se pueda emparejar en la cama y no menos de una vez pesé "mmm golosilla") habla con acento que me suena al sureste, ha tenido sólo un pijama en los últimos seis años, compra muchos birotes en el estanquillo de la esquina y tiene un nombre que me suena a marca de pastas que dicen quedar siempre "al dente".
ellita es como una reducción de su madre (si cupiera imaginarlo) y su cabeza siempre me pareció medir como una tercera parte de su estatura total, podría estar exagerando pero asi me lo parece. lleva el mismo nombre bizarro de su madre, que dicho para ella debería sonar algo así como varinita.
¿qué ignoro de ellos? pues sabrá un carajo si nunca supe ni quienes eran!! pero bueno, ese es un ejemplo radical, pero igual si aterrizamos un poco más el asunto ¿cuánto ignoras de tu padre? A mí esto que queda de la misma dimensión que el ejemplo anterior, pero no todos viven mi caso y cuando piensan en su padre tal vez logren tener una imagen más o menos clara y sentir que lo conocen.
A qué voy? como es mucho más lo que desconocemos que lo que conocemos de nuestros conocidos, éstos deberían ser más bien nuestros desconocidos, y que los desconocidos de los que realmente desconocemos todo, sean los desconocidos de alguien más, pero no los nuestros.
Aun cuando hablamos como decimos "a calzón quitado", decimos sólo una parte y la frase es muy correcta, porque aun en cueros, yo encuentro a la gente muy llena de misterios.
Somos pues como grandes montañas de hielo, que muchas veces vamos juntas, pero que nomás nos conocemos las puntitas (recordar, somos icebergs), y me resultó de momento muy interesante tratar de medir lo que desconocemos de nuestros conocidos, de los amigos y la familia.
Soy Perfil Bajo, de Los Ruiz de Nochistlán ¿te conozco?
Me vino a la mente la cara de mi compañero, al que yo encuentro muy poco agraciado y prefiero no describir...
aaaah picarón!!!! ¿quién iba a decir que anda de coqueto? o todavía peor, ¿quién iba a decir que alguna "señorita" de los alrrededores podría estarle coqueteando?
Podrá sonar todo a envidia, pero lo que me dejó pensando ese asunto, es cuánto escondemos las personas, o digamos, no tanto como esconder, pero todo lo que no decimos queda en el misterio. La pregunta normalmente dice ¿cuánto sabes de mí? pero la más interesante sería ¿cuánto ignoras de mí?
Compartimos el camión, la acera, la fila en el banco, la mirada, el auto, la casa, el chicle... pero ¿cuánto ignoramos de la gente?
Por poner un ejemplo, tuve de vecinos (puerta con puerta) a un matrimonio con una hija de edad similar a una que tengo yo, vivimos así de cerca por varios años y si ahora me preguntaran que qué sé de ellos diría:
Él es alto, no podría reconocerlo nada más salir de la cuadra, le gustan los autos de perdedor y quien sabe cómo se llame.
Ella es bajita (llegué a dudar que la diferencia en estaturas se pueda emparejar en la cama y no menos de una vez pesé "mmm golosilla") habla con acento que me suena al sureste, ha tenido sólo un pijama en los últimos seis años, compra muchos birotes en el estanquillo de la esquina y tiene un nombre que me suena a marca de pastas que dicen quedar siempre "al dente".
ellita es como una reducción de su madre (si cupiera imaginarlo) y su cabeza siempre me pareció medir como una tercera parte de su estatura total, podría estar exagerando pero asi me lo parece. lleva el mismo nombre bizarro de su madre, que dicho para ella debería sonar algo así como varinita.
¿qué ignoro de ellos? pues sabrá un carajo si nunca supe ni quienes eran!! pero bueno, ese es un ejemplo radical, pero igual si aterrizamos un poco más el asunto ¿cuánto ignoras de tu padre? A mí esto que queda de la misma dimensión que el ejemplo anterior, pero no todos viven mi caso y cuando piensan en su padre tal vez logren tener una imagen más o menos clara y sentir que lo conocen.
A qué voy? como es mucho más lo que desconocemos que lo que conocemos de nuestros conocidos, éstos deberían ser más bien nuestros desconocidos, y que los desconocidos de los que realmente desconocemos todo, sean los desconocidos de alguien más, pero no los nuestros.
Aun cuando hablamos como decimos "a calzón quitado", decimos sólo una parte y la frase es muy correcta, porque aun en cueros, yo encuentro a la gente muy llena de misterios.
Somos pues como grandes montañas de hielo, que muchas veces vamos juntas, pero que nomás nos conocemos las puntitas (recordar, somos icebergs), y me resultó de momento muy interesante tratar de medir lo que desconocemos de nuestros conocidos, de los amigos y la familia.
Soy Perfil Bajo, de Los Ruiz de Nochistlán ¿te conozco?
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Memoria temporal
En estos tiempos, no suena nada raro decir que anda uno buscando su memoria (esos curiosos cuadritos plásticos con gigas y gigas de capacidad), en la que se guardan cosas del trabajo, tareas copiadas, el vídeo de sexting de la escuela, música y un largo etc.
Pues bien, si mi recuerdo no me falla, este ha sido un tema recurrente en mis reflexiones, ya que la buena memoria nunca ha sido lo mío. Tengo memoria eidética para retratar autos, pero soy incapaz de reconocer a cualquier persona que haya visto menos de 20 veces. De hecho, si me cambian el entorno, puedo desconocer a quien sea. Desconozco a mi mamá en el mercado.
Pues bien, el viernes me pasaron dos cosas que bien, puede ser equivocación de mis interlocutores, o culpa de mi querida memoria.
Primero me dice un amigo, a quien tenía tiempo sin ver:
-todavía traigo el autoestéreo que me pasaste para mi carro.
-cuál? -contesto yo
-el de cassettes que le quitaste a tu carro cuando lo compraste
-a cuál carro?
-a este que traes ahorita
Recurro a mi memoria y según recuerdo, tengo ese autoestéreo todavía guardado en mi clóset.
Él me muestra el interior de su furgoneta y si, ahí está el aparato que me describe, y de hecho me parece conocido.
-te lo vendí o te lo regalé? -le pregunto, con la esperanza de habérselo vendido y que todavía me deba algo-.
-me lo regalaste Perfil Bajo, muchas gracias, ahí anda todavía jalando bien!
-no pues de nada Nachón, que bien que te salió bueno.
Ya yo me quedé pensando que tal vez no hay nada guardado ahí donde según yo tengo algo guardado "para después". Pero todavía más allá, pienso que bien puedo haber tenido dos iguales y haberlo olvidado. Decidí revisar el clóset llegando a casa, pero claro que lo olvidé hace ya casi una semana.
Terminando esa plática, me acerqué con otro amigo; uno que vive o vivía el Chiapas y que bien puede llamarse Javier. Empezamos a hablar y muy pronto me preguntó si todavía tenía mi honda blanco dos puertas.
-Yo?
-claro Perfil Bajo!, tu honda blanco dos puertas! el que llevabas cuando te vi en el bar fulano (perdón, también olvidé el nombre)
-Javi, no era yo.
-claro que si eras, estuvimos hablando largo rato.
-No recuerdo haber tenido un honda blanco dos puertas Javi.
-¿no te acuerdas? -me preguntó, pensando seguro que yo estaba ebrio a reventar, lo cual podría haber sido.
-No, no me puedo acordar, pero si me viste, seguro ahí estuve, sólo me interesa saber qué le hice al auto, porque no recuerdo haberlo vendido.
Él sólo se rió de mi ocurrencia, y con él, se rió la mitad de mí, pero la otra mitad se quedó pensando dónde estará mi memoria de ese día? habré sido yo? realmente tuve un honda blanco dos puertas que me esté olvidando o es sólo otro caso de mis otros yos, que por ser bien parecido tengo aquí y allá?
Creo ser Perfil Bajo y memoria, si me recuerdas búscame.
Pues bien, si mi recuerdo no me falla, este ha sido un tema recurrente en mis reflexiones, ya que la buena memoria nunca ha sido lo mío. Tengo memoria eidética para retratar autos, pero soy incapaz de reconocer a cualquier persona que haya visto menos de 20 veces. De hecho, si me cambian el entorno, puedo desconocer a quien sea. Desconozco a mi mamá en el mercado.
Pues bien, el viernes me pasaron dos cosas que bien, puede ser equivocación de mis interlocutores, o culpa de mi querida memoria.
Primero me dice un amigo, a quien tenía tiempo sin ver:
-todavía traigo el autoestéreo que me pasaste para mi carro.
-cuál? -contesto yo
-el de cassettes que le quitaste a tu carro cuando lo compraste
-a cuál carro?
-a este que traes ahorita
Recurro a mi memoria y según recuerdo, tengo ese autoestéreo todavía guardado en mi clóset.
Él me muestra el interior de su furgoneta y si, ahí está el aparato que me describe, y de hecho me parece conocido.
-te lo vendí o te lo regalé? -le pregunto, con la esperanza de habérselo vendido y que todavía me deba algo-.
-me lo regalaste Perfil Bajo, muchas gracias, ahí anda todavía jalando bien!
-no pues de nada Nachón, que bien que te salió bueno.
Ya yo me quedé pensando que tal vez no hay nada guardado ahí donde según yo tengo algo guardado "para después". Pero todavía más allá, pienso que bien puedo haber tenido dos iguales y haberlo olvidado. Decidí revisar el clóset llegando a casa, pero claro que lo olvidé hace ya casi una semana.
Terminando esa plática, me acerqué con otro amigo; uno que vive o vivía el Chiapas y que bien puede llamarse Javier. Empezamos a hablar y muy pronto me preguntó si todavía tenía mi honda blanco dos puertas.
-Yo?
-claro Perfil Bajo!, tu honda blanco dos puertas! el que llevabas cuando te vi en el bar fulano (perdón, también olvidé el nombre)
-Javi, no era yo.
-claro que si eras, estuvimos hablando largo rato.
-No recuerdo haber tenido un honda blanco dos puertas Javi.
-¿no te acuerdas? -me preguntó, pensando seguro que yo estaba ebrio a reventar, lo cual podría haber sido.
-No, no me puedo acordar, pero si me viste, seguro ahí estuve, sólo me interesa saber qué le hice al auto, porque no recuerdo haberlo vendido.
Él sólo se rió de mi ocurrencia, y con él, se rió la mitad de mí, pero la otra mitad se quedó pensando dónde estará mi memoria de ese día? habré sido yo? realmente tuve un honda blanco dos puertas que me esté olvidando o es sólo otro caso de mis otros yos, que por ser bien parecido tengo aquí y allá?
Creo ser Perfil Bajo y memoria, si me recuerdas búscame.
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La primera impresión
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